21 feb. 2009

EL PROBLEMA CONTRA LO SEXUAL

El decano de la universidad autorizó al joven empleado para que entregara materiales de laboratorio a los estudiantes de medicina, biología y microbiología. Cada uno sólo debía recibir una porción igual a las exigencias académicas del aula mater. Ciertas prácticas los universitarios las hacían con los hermosos animalitos conocidos como “curies”. Esos estaban en una jaula grande de hierro, madera y anjeo. Los mismos se distribuían diariamente de acuerdo a las instrucciones del profesor de la materia de biología. El curí es un mamífero parecido al conejo pero más pequeño. Su carne es comestible.

El mozo empleado tuvo una mejor idea de traer dos parejas de curies de mejor raza y de aquellos que su familia cultivaba con todos los cuidados del caso en su finca paterna. Solicitó el respectivo permiso para aumentar la calidad de la raza. El recibió todo el apoyo de las directivas para que no sólo mejorara la raza sino que podía vender de vez en cuando uno de ellos a esos estudiantes que por una u otra razón, usaban más de un ejemplar para sus experimentos. Las nuevas parejas de curies aumentaron el trabajo del primíparo trabajador. Todos los días durante dos veces diarias, se debía limpiar y asear el lugar.

Los machos curíes cada día estuvieron más alborotados y llegaron a invadir los espacios de los otros que ya allí vivían tiempo atrás. Se las ingenió buscando entre los obreros de la institución a un ebanista para fabricar una nueva jaula que diera seguridad a todos los animales que allí se estaban reproduciendo. El trabajador le recomendó hacer una de hierro y madera. Tuvieron que hablar con el departamento de metalurgia para que uno de los estudiantes ayudara en su diseño y construcción de la nueva vivienda. El trabajo quedó terminado a las dos semanas y el lugar se vio como de concurso. Los animalitos estaban muy bien alimentados: Zanahorias, ajos, coliflor, brócoli, ahuyama, maíz, repollo, lechuga, pasto, cáscaras de plátano, papa y yuca. Agua suficiente y aseo impecable. El veterinario del centro les hacía un examen medico cada 15 días. Se distribuían 300 curies semanales.

Los problemas empezaron con la sexualidad de los curies machos y sobre todo con esos que se habían escogido para preñar a las hembras. Eran muy indisciplinados. Tenían la costumbre de montar a todas al tiempo y de vez en cuando no se les escapaban los curies machos y hembras adolescentes. Todos los días entre dos o tres machos jóvenes, aparecían violados entre las jaulas. Hubo que sacrificar a muchos de ellos, porque el derrame de sangre no se podía contener en su cuerpo.

A las hembras adolescentes se les cambió de jaula a otra nueva. Se separaron los machos adultos del grupo de los machos jóvenes. Los machos estaban siempre muy nerviosos y a toda hora deseaban salirse del corral en busca de sexo. La familia de curies crecía cada día y su aumento era demasiado. El joven trabajador compró un pequeño lote en seguida de la universidad y construyó una jaula inmensa de cuatro pisos. Organizó por su cuenta el negocio de cría y cuidado de curies. Se instaló un sistema automático para limpiar cada 6 horas los sobrantes de los animales. La orina y el estiércol era vendido a unos agricultores vecinos como abono orgánico.

Los médicos y facultativos del centro universitario y los del hospital, dijeron que la carne de curí era afrodisíaca. La propaganda se regó como campaña política por todas las facultades de la academia. Los estudiantes de las otras facultades empezaron a comprar los curies y una dama les enseño como se llevaban para hacer un excelente plato entre la culinaria criolla. Se lo comían asado en brasas, al horno, sudado o mixto. Su preparativo empezaba tres días antes de llevarlo a la olla. Con vino, vodka, ron, brandy y otros licores, la carne de curí era sazonada con tomate, cebolla cabezona, verde, sal y algunas especies criollas. La entrega de 300 ejemplares semanales a los compradores pasó a 3.000.

La venta cada día era mayor en número y en clientes. Llegaban estudiantes hasta de secundaria a comprar después de las 4.00 de la tarde los famosos cuadrúpedos. Ancianos mayores de 70 estaban entre los compradores. Mujeres y varones hacían cola para comprar los que se comían diariamente después de caer el sol. Las cuentas bancarias aumentaron y el número de estudiantes dentro de las aulas también se hizo notar. Las alumnas tanto de la universidad como de los colegios cercanos, empezaron a dar muestras de los primeros embarazos. Madres solteras embarazadas ocupaban las noticias de los diarios capitalinos. La policía visitó al joven ingenioso y le exigió una licencia especial, la que tuvo que cancelar con intereses de dos años a los impuestos de la metrópoli. La alcaldía de la ciudad envió a un inspector junto a un arquitecto, para demostrar que las jaulas debían ser de otra manera en su construcción.

El hospital y las clínicas de la ciudad afirmaban que los culpables de los nuevos nacimientos de infantes eran los curíes. El curí se convirtió en comidilla de los grupos sociales. Los viernes se convirtieron en los días de grandes e indisciplinadas fiestas. Como intermedio los invitados consumían el plato de curí. Las mujeres casadas afirmaban que sus esposos se habían “volteado” en su preferencia sexual por culpa de la carne del pequeño mamífero. El bisexualismo aumentó en la población masculina de la urbe y los curies fueron denunciados como los protagonistas. Las mujeres también se quejaban que ya no gustaban tanto de los varones y empezaron a caminar como ellos. Fueron a muchos de los varones a quienes la gente les decía e insinuaban que dejaran de comer la exquisita carne porque los veían caminando raro y en danza. La población aumentó en 200 mil en el primer año. Lamentablemente el 60% de los niños que nacían eran de padre desconocido.

La situación obligó a cerrar el negocio y la venta de curies. La universidad despidió injustamente al protagonista del hecho. Las jaulas fueron rematadas al mejor postor y el lote pasó a un nuevo dueño. El joven de la narración es ya hoy un anciano y en su época no se le ocurrió preguntarle a los curies si ellos fueron los culpables y los autores intelectuales de la indisciplina sexual de los hombres. El tiempo, la reflexión y sus creencias como su fe, lo obligan voluntariamente a orar como el maestro de la luz:

“Señor no te pido que los retire del mundo sino que los preserve del mal”.

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