29 mar. 2009

LENGUA PONZOÑOSA Y VIPERINA

La mujer vivía con su familia en una gigante y hermosa hacienda rodeada de sofisticadas comodidades, ganado, árboles frutales, hortalizas, pastos, aguas, varias especies de animales domésticos y uno que otro salvaje que se entretenían entre enredaderas, sauces, robles, arbustos, acacias y muy cerca al bosque que embellecía las extensas hectáreas de tierra que Dios les había dado en administración mientras pasaban por la nave tierra como mortales terrícolas humanos. Ella era una dama que llegó a los 60 años cumplidos y su esposo un varón que ostentaba excelsa salud en esa primavera con 70 años de existencia dentro del planeta. Entre los 6 hijos que habían brotado como maravilla de la nada para habitar también el globo, el mayor estaba cumpliendo en esos días 40 años vivo. Los pobladores de la región poco la frecuentaban y en toda la estepa no había para ellos un solo amigo. Cada domingo se les veía ir al culto a un templo ubicado en el centro del terruño cercano, que surtía de agua potable, luz y servicios públicos a una pequeña parte de la población.

La señora tenía la maldita costumbre de usar mal su lengua. Los campesinos afirmaban que era viperina y ponzoñosa. La consideraban la mas chismosa, mentirosa y calumniadora de la región. Por supuesto que habían otras y otros muchos en la misma dimensión no escalonada. Esa pensaba que todas las mujeres de la pradera y de cada lugar eran sólo prostitutas. Para ella todos los varones eran homosexuales, ladrones, deshonestos, desviados y pervertidos. Con su palabra siempre comparaba a sus connacionales como “muertos de hambre, flojos, vagos, dementes. Ignorantes, atrasados y de mala muerte.”

Hubo muchos intentos de ella y de un grupo de mujeres del pequeño pueblo arengadas por el Alcalde y otros funcionarios gubernamentales, para expulsar a las prostitutas de la región y cerrar los bares y cantinas del lugar. Varias cartas y memoriales se habían firmado y los mismos se habían hecho llegar a la oficina del Gobernador y hasta al mismo despacho del señor presidente de la nación para que sacaran a los empujones a las “damiselas” del poblado. Los religiosos del lugar tuvieron culpa de esa injusticia y colaboraron con los equivocados y faltos de compasión. Muchas veces los policías y los militares del sitio, golpearon y maltrataron a las trabajadoras sexuales con fuertes palizas, por las misivas que recibían y las mismas quejas cuyo líder y protagonista era la perseguidora. Los grupos humanos del caserío con algunos miembros de las “Juntas de Acción Comunal”, trataron de incendiar cada inmueble que para ellos estaba extraviado.

Fueron tres locales que lograron quemar en esos últimos 5 años los desalmados. Unas y otros ciudadanos que se encontraban ebrios en el trágico momento también murieron. Inclusive parientes de los mismos incendiarios. Leamos lo que dice la Carta a Santiago 3: “1 Hermanos, no se hagan todos maestros; ya saben que como maestros seremos juzgados con más severidad, 2 y todos tenemos nuestras fallas. El que no peca en palabras es un hombre perfecto de verdad, pues es capaz de dominar toda su persona. 3 Poniendo un freno en la boca del caballo podemos dominarlo, y sometemos así todo su cuerpo. 4 Lo mismo ocurre con los barcos: con un pequeño timón el piloto los maneja como quiere, por grandes que sean, aun bajo fuertes vientos. 5 Así también la lengua es algo pequeño pero puede mucho; aquí tienen una llama que devora bosques.”

Llegó el día de la partida al otro mundo que desconocemos porque nadie ha regresado de ultratumba para contar la experiencia del viaje sin retorno a la nave tierra. La noticia de la muerte de la doña fue transmitida por la Emisora Radio del municipio y por un canal alternativo de televisión. De varios lugares y ciudades vecinas llegaron a la finca varones y mujeres de todas las condiciones sociales y estirpes. Una gran mayoría estaban conectados con la misma sangre familiar y con el árbol genealógico de su esencia y parentela. No sufrió en el momento del deceso al despedirse para siempre la matrona. Simplemente se acostó a la 1.00 de la tarde, después de haber servido el almuerzo a los comensales y obreros. Ella se sintió muy cansada y fue a su habitación. Se recostó sobre la confortable cama y nunca más se volvió a levantar. Su esposo al ver que ella no estaba en los lugares que acostumbraba a esa hora, fue en busca de ella y la encontró dormida y muerta sin una sonrisa en su boca.

Su humanidad estaba tiesa y sus músculos no respondieron a los ruegos. El vio que una partecita pequeña del órgano de la lengua de ella, estaba por fuera de sus labios. Sigamos leyendo el texto 3 de Santiago: “6 La lengua es un fuego, y es un mundo de maldad; rige nuestro organismo y mancha a toda la persona: el fuego del infierno se mete en ella y lo transmite a toda nuestra vida. 7 Animales salvajes y pájaros, reptiles y animales marinos de toda clase han sido y de hecho son dominados por la raza humana. 8 Pero nadie ha sido capaz de dominar la lengua. Es un azote que no se puede detener, un derrame de veneno mortal”.

Los parientes junto al hombre enviado por la casa fúnebre, no lograron vestir el cadáver congelado de la hija de Dios. Hubo algunos imposibles que obstaculizaron la difícil tarea de colocar ropa limpia sobre la muerta piel. Su inerte cuerpo no se dejaba tocar. No hubo poder humano para acomodar el vestido. Era como una bola de roca petrificada de 5.000 lustros. El peso de la masa corporal había logrado llegar como a 300 libras. Quienes la vieron afirmaban que cada minuto se inflaba como globo de fiesta. Llamaron al sepulturero mas experimentado del pueblo y al médico del poblado para buscar ayuda al suceso que presenciaban los incrédulos y los ojos de los pueblerinos y citadinos. Hasta el cura del pueblo arribó sin ser invitado al sitio y nadie encontró una explicación lógica y física del asunto.

Los dos varones invitados para descifrar el enigma no hallaron una razón para resolver el hecho que presenciaban. Sólo dijo el facultativo “hay una prostituta que tiene experiencia en vestir cadáveres de difuntos. Según parece ella es experta en poner ropa a toda persona que se va eterna al otro plano”. La familia convino en llamar a la mujer trabajadora sexual. En instantes de minutos llegó a los terrenos de quien antes la había humillado y perseguido. Al entrar la visitante, del cuerpo de la dama sin vida, salió un quejido espantoso como un crujir de dientes. Se escucharon varios lamentos y sollozos. Un olor nauseabundo a mortecina se percibió a lo lejos de los espesos matorrales.

El mal aroma exclamaba que por lo menos llevaba 7 días el muerto contradiciendo la realidad tangible. La visitante solicitó sal, agua y tres rosas blancas. Cerraron la puerta de la habitación y el sepulturero se quedó para embalsamar el cadáver. No habían pasado 10 minutos cuando un olor a flores de lirios y azucenas salió de la casona. Un jardín de plantas perfumadas aterrizó en el aire en la pradera. La mujer prostituta tuvo la mejor paciencia entre todos. Simplemente ayudada por dos de sus compañeras de labor que había traído y el sepulturero, vistió el cuerpo inerte sin contratiempo de quien hizo daño con su lengua.

Aquí sigue Santiago en el Capitulo 3 diciendo: “9 Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios. 10 De la misma boca salen la bendición y la maldición. 11 Hermanos, esto no puede ser así. ¿Es que puede brotar de la misma fuente agua dulce y agua amarga? 12 La higuera no puede producir aceitunas ni la vid higos, y lo salobre no dará agua dulce. 13 ¿Así que eres sabio y entendido? Si tu sabiduría es modesta, veremos sus frutos en tu conducta noble. 14 Pero si te vuelve amargo, celoso, peleador, no te fíes de ella, que eso sería mentira. 15 Esa clase de sabiduría no viene de arriba sino de la tierra, de tu propio genio y del demonio. 16 Y donde hay envidia y ambición habrá también inestabilidad y muchas cosas malas.”

La noticia del suceso y la algarabía del hecho se regaron como polvo y lava de volcán ardiendo en cada plan de la basta zona. Llegaron cada vez nuevos pobladores y curiosos. De lejanas tierras muchas personas querían ser testigos de la macabra escena. Un grupo de familias se las ingenió para preparar alimento y alojamiento para quienes llegaban como si fueran turistas en vacaciones. Se sacrificaron 10 reces de ganado cebú y 3 novillas criollas de raza fina. 300 gallinas y 200 gallos fueron llevados a la cocina para la suculenta culinaria. Los parroquianos tuvieron que sentarse en cualquier parte y sobre los prados. El esposo compró licor y otras viandas para atender a todos los vecinos que nunca antes habian entrado a esa fina casa.

Fue la primera vez que el rancho de los ricos se vio lleno de amigos improvisados y testigos. La muerte de la dama acercó las sementeras. Todos llegaban con ramos de flores y coronas con letras de poetas y ensueños. A las 3.00 de la mañana y mientras el aire frío invadía la mansión, el pesado cajón fue trasladado del lugar al centro de la casaquinta. Rezos, oraciones y novenas se escuchaban a lo lejos. La tristeza juntó al miedo de toda la pradera con el sueño. La velación duró tres días como si hubiera llegado un carnaval. Hasta chistes y comedias se lanzaron sin respetar el cuerpo inerte de la dama y menos el dolor sensible de la familia. Por fin hicieron los preparativos para enterrarla en el cementerio principal de la cabecera municipal.

Todo quedó organizado para un martes a las 3.00 de la tarde. A la misma hora que el médico consideró haber muerto quien se despedía para siempre. Faltaban 15 minutos para las 2.00 de la tarde y ellos debían sacar el féretro de la casona para colocarlo sobre un automóvil fúnebre. El cajón mortuorio aumento su peso. Al parecer no se dejaba sacar de la habitación en donde ella había ubicado su vida desde niña. 10 varones fuertes y jóvenes llegaron inmediatamente para apoyar a quienes no tenían fuerzas para el trabajo de despedida. Fue imposible mover el ataúd. La familia buscó unas varas gruesas de roble fino y las colocaron como palancas por debajo de la escena. Todas se reventaron como hilos o naipes de baratija. Lucharon con todas las ganas. Nada hizo posible sacar el cuerpo de la morada.

Uno de los familiares hizo saber que cerca y a dos horas del lugar, vivía un misionero que había llegado del extranjero y que estaba desde hacía 3 años en la misma zona. Comisionaron a un grupo de parientes para que fueran en busca de nuevas ayudas. Mientras tanto la lengua de la dama muerta empezó a crecer como caucho. El vidrio que acostumbran a poner los terrícolas humanos sobre el cajón que deja ver la cara del difunto, empezó a ceder hasta que se despedazó como ráfaga de viento o pedazos de granizos que se derriten al calor del sol. Rápidamente fueron por otro ataúd porque el primero se desplomó como ceniza o lodo. El cuerpo muerto salió volando por el aire y fue a posarse sobre uno de los ángulos de la sala principal del inmueble. Lo que fue un fuerte mueble quedo convertido en trozos de madera y mineral. Su esposo observó que la lengua de su amada en vida estaba mucho mas larga y crecía como arbusto.

De nuevo las prostitutas del lugar entraron en acción y colocaron el inerte cadáver dentro de una nueva caja mortuoria recién traída. La dama muerta se dejaba cargar como cosa curiosa e inexplicable de quienes ella consideró pecadoras y sus enemigas en vida. La lengua seguía creciendo y ya alcanzaba los 70 centímetros de largo y 10 centímetros de grueso. El misionero apareció a las 5.30 de esa tarde. De inmediato empezó con salmos, himnos y oraciones para despedir a la muerta.

Un metro de largo alcanzó la lengua y como culebra se extendió por encima del cadaver muerto. El color era rosado como si aún tuviera vida. A medida que el varón oraba la lengua reducía su tamaño. Logró con la ayuda de las alturas y de seres intangibles reducir a 20 centímetros el largo del órgano de la contienda y a 3 centímetros llegó su gruesor. A las 6.30 un desfile de caballos con sus jinetes rodeó el carro fúnebre con miles y miles de parroquianos. Cámaras de fotografía y televisión llegaron en ese momento. La difunta se dejo cargar sin mayor riesgo a su última morada. Todos estaban asustados menos el hombre de fe. La noche estaba helada y lograron llegar al cementerio a las 7.00 nocturnas, cuando la luna observaba tímidamente con más luz el paisaje terrestre. Las prostitutas del pueblo y otras que llegaron de otros lugares acompañaban el desfile con lujos de detalles el final de la tumba y sepultura. Un silencio nocturno estuvo presente como avisando la despedida. Nadie pronunció palabra alguna y el temor se sentía a la distancia como trinchera.

Los caballos no se dejaron conducir dentro del cementerio y los jinetes lo hicieron a pie para no confundir aún mas la tragedia. El esposo lloró en la despedida mientras las damas perseguidas oraban sin cansarse por la partida de la dama. El marido empezó a planear un cambio en su vida. Al siguiente día llamó al Notario del pueblo y escrituró parte de la hacienda a las prostitutas y les dijo que ya no tenían necesidad de ir a esas labores. El les construyó con su dinero casas y albergues. Les dio tierras para que a partir de esos meses las cultivaran. El hombre arrepentido donó para la “Escuela Veredal” un inmenso lote terreno y distribuyo el ganado entre los más pobres de la zona.

El viudo le entregó al Alcalde del pueblo otro lote terreno para que construyera el anhelado colegio de los campesinos. El ciudadano cambió de la noche a la mañana como si el misterio le hubiera explicado una lección que aún nadie entiende. Todo lo que tenía lo repartió entre sus hijos, parientes y marginados de la región. El esposo murió sonriente después de tres meses de la partida de su esposa. Hoy en día tanto la escuela como la institución secundaria llevan el nombre del esposo que murió pobre pero feliz y sonriente. Todos vieron que la lengua de él no salió hacia afuera.

Dijo antes de partir que la voz de su esposa lo había llamado y que ella afirmaba estar dichosa y tranquila en su nueva vivienda. Finaliza el Capitulo 3 de Santiago así: “17 En cambio la sabiduría que viene de arriba es, ante todo, recta y pacífica, capaz de comprender a los demás y de aceptarlos; está llena de indulgencia y produce buenas obras, 18 no es parcial ni hipócrita. Los que trabajan por la paz siembran en la paz y cosechan frutos en todo lo bueno”.

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