3 abr. 2009

VERDADEROS Y NEGROS DE RAZA

Las familias en su memoria heredaron la mancha injusta de esclavitud materializada por desalmados de raza rara que golpearon la historia noble de los pueblos. Con hazañas oscuras y acciones nefastas a la intemperie malvada y llenas de estiércol y algarabía de baratijas, pisotearon la rinconada. Sabían desde la cuna que el trabajo con dignidad refrescaba la natural nobleza que trae intrínseca en las venas el hombre antes de pisar el planeta tierra dentro de su alma. El niño era la décima tercera generación nacida lejos de sus ancestros y en la patria obligada. La niña llegó al globo después que diez generaciones lograron saltar los arbustos que hicieron de cárcel la libertad y los ensueños de nácar que se perdieron. Sus gentes estaban mezcladas con esos que desde los desiertos con prendas y rocas finas, comercializaban productos, alimentos, ganado y especies que usaban con sus comidas. Todos vivían como si fueran de un mismo grupo o parentela soñada. Zambos, negros, mulatos, criollos y extranjeros de color ceniza, caminaban por la orilla del pequeño río como si la igualdad y el equilibrio los golpeara con éxito. No propiamente tenían el color de sus tatarabuelos. Aunque distintos a su pasado, se les notaba un sabor picante que con gallardía y fortaleza de raza negra, logró que todos sobrevivieran a la barbarie. Los poetas de la época afirmaron que todas las estirpes fueron las mismas foráneas que lograron obligados invadir el suelo de tierras evaporadas. Ninguno de ellos era de procedencia aperlada.

Los años y lejanía de ese sol, los hizo cambiar después de 300 años. Ciertos grupos humanos entre todos y de los mismos con excepciones, usaban cremas, perfumes, ademanes y trajes para imitar a los autores de la ruina y de la mentira montada. Damas y damos se teñían sus cabellos y usaban lentes descoloridos dentro de sus ojos para parecerse a esos de las regiones que todo lo usurpan y que mataron la vida. Varias y varios exageraron la costumbre y asustaron con sus apetitos vagabundos un tanto o un poco absurdos, a los ratones y murciélagos que dormían en la plaza. En las madrugadas asustadas se notaban por movimientos de siluetas y quejidos que a las jóvenes aumentaba en número la familia con un desconocido. Las abuelas tradicionalistas murieron de infarto por aquello inexplicable que sus sentidos experimentaban. Allí nació la escritura que hizo reír aún a los borrachos y a los finos y flojos señoriítos que en los clubes noctámbulos debutaban con frases que lanzaron inteligibles: “La mona aunque la vistan de seda mona se queda.”

Veamos aquello que dice para cada sabio Proverbios 1: “8 Escucha, hijo Mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la Instrucción de tu madre; 9 porque diadema de gracia Serán a tu cabeza y collares a tu cuello. 10 Hijo Mío, si los pecadores te quisieran persuadir, no lo consientas. 11 Si te dicen: "Ven con nosotros; estemos al acecho para derramar sangre y embosquemos sin motivo a los inocentes; 12 los tragaremos vivos, como el Seol, enteros, como los que descienden a la fosa; 13 hallaremos riquezas de toda clase; llenaremos nuestras casas de ganancias; 14 echa tu suerte con nosotros; tengamos todos una sola bolsa..." 15 Hijo Mío, no andes en el camino de ellos; aparta tu pie de sus senderos, 16 porque sus pies corren al mal y se apresuran a derramar sangre. 17 Ciertamente en vano se tiende la red ante los ojos de toda ave. 18 Pero ellos ponen acechanzas a su propia sangre; a sus propias vidas ponen trampa. 19 Tales son las sendas de todo el que es dado a la codicia, la cual quita la vida a los que la poseen. 20 La Sabiduría llama en las calles; da su voz en las plazas. 21 Proclama sobre las murallas, en las entradas de las puertas de la ciudad pronuncia sus dichos: 22 "¿Hasta Cuándo, oh ingenuos, amaréis la ingenuidad? ¿Hasta Cuándo los burladores Desearán el burlarse, y los necios Aborrecerán el conocimiento?”

Desde el momento que empezaron los juegos, el infante mostró su musculoso y escultural cuerpo que lo hizo gigante y hermoso clavel en la ramada. La pequeña nunca usó silicona ni rellenos en sus senos porque todo le sobraba. Ella nada imitaba y su encanto en forma espontánea venía del lugar que hizo crisol donde la luz nace. Su fino y esbelto cuerpo la hizo danzar como doncella y princesa real entre la nada. Jamás la cirugía tocó su piel porque aunque nada es perfecto ni completo lo que ella mostraba era superior a todo el encanto de las otras mujeres de la flor no encontrada. Todas querían tener la figura de quien las traumatizaba y por la desventaja muchas lloraban. Los dos infantes se conocieron en la única escuela de la comarca y que a todos desilusionaba. Iniciaron con juegos ilustrados por una maestra que jugaba a escondidas y en serio un romance con un varón casado que cansaba a otras no tan santas. El aparentó ser el mejor moralista entre la lista de hipócritas que llenaban los escritorios de las oficinas del gobierno local que no solucionaba a nadie el problema ni con nada.

Los padres de familia prohibieron a sus hijos ir a la ‘santa misa’ o a la misma catequesis que allí los religiosos mal llegados insinuaban. El sacerdote extranjero del pueblo era pervertido en sus gustos y sin conocer la diversidad moderna llenó de plumas palo de rosa los templos por donde éste pasaba. En los carnavales logró que le colocaran pantalones como disfraz a un asno que nadie buscaba. Como el animal estaba viejo, de esos que han subido montañas y encrucijadas, tuvo que aceptar la propuesta y no pudo defender su asnada. Ese día causó mucha risa la disparatada. El grupo se sonrojó al verlo detrás de unos arbustos de rodillas en una mágica y alcohólica madrugada. Cuando se ponía la sotana blanca impecable no caminada, como si fuera ella sólo coqueta danzaba. Una vez las quejas llegaron a la oficina del obispo que al lugar nunca visitaba. El maquillaje en sus mejillas y las manos de un modelo de cine dijo no recordar nada. Expresó que los carteros a veces o nunca pasaban. Ese también aprovechaba las fiestas de las corralejas para sacar su inmensa tajada. Las visitas en los atardeceres y a otras en donde vivía su amada, llenaron de chistes a quienes con risa y burla jocosa contaban. No era en si un pueblo trabajador y los inventos científicos jamás llegaban. La vagancia era cultural que desde antaño se idolatraba. Laboraban sin ganas diariamente por horas hasta que la parranda llegaba. El fiestorio de cada año, ese si todas y todos añoraban.

Y que nos trae Proverbios 3: “1 Hijo Mío, no te olvides de mi Instrucción, y guarde tu Corazón mis mandamientos; 2 porque abundancia de Días y años de vida y bienestar te Aumentarán. 3 No se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello. Escríbelas en las tablas de tu Corazón, 4 y Hallarás gracia y buena Opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. 5 Confía en Jehovah con todo tu Corazón, y no te apoyes en tu propia inteligencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, y él Enderezará tus sendas. 7 No seas sabio en tu propia Opinión: Teme a Jehovah y Apártate del mal, 8 porque Será medicina para tu carne y refrigerio para tus huesos. 9 Honra a Jehovah con tus riquezas y con las primicias de todos tus frutos. 10 Así tus graneros Estarán llenos con abundancia, y tus lagares Rebosarán de vino nuevo.”

La propaganda pueblerina decía que serían tres días de fiestas pero el séptimo aun esta nunca paraba. Muchos otros continuaban hasta el final del mes y seguían bebiendo hasta vender sangre prestada. Algunos no eran artistas pero creían ser portadores de grandes melodías y notas que al principio nadie compraba. Armaron grupos musicales como gatos sobre las tejadas. Se subieron a las tarimas y lanzaron notas que a nadie gustaban. Otros desconocían las reglas impuestas y organizaron campeonatos entregando premios a excelsos y mediocres que la prensa de doble filo comentaba. Las canciones con sus letras hicieron platos comerciales como ranas solapadas. Se atrevieron a mostrar el contenido atravesando la gran montaña y cruzaron el río con risotadas. Esas se regaron poco a poco hasta los confines del alba y se incrustaron con artimañas a la metrópoli que se creía encopetada. Los inexpertos creyeron que eran sonatas o musas de esas que llegan sin ser invitadas. Hasta los ineptos políticos oportunistas se pusieron las frases en sus atuendos para conseguir votos incautos y bailar con comadronas en las calles engalanadas.

Llegaban turistas desde la capital en busca de vacaciones y dejaban por los salones, dudas y desilusiones. Mancebos llenaban la lista de las preferencias como guías en las rinconadas. Era un drama amistoso y evitando lazos de romance y el mismo contraste para no filmar nada. Por lo general eran varones casados que llevaban vida diurna y nocturna con vestidos elegantes y carros de doble transmisión que en las autopistas pisoteaban. En la ciudad importante presentaban a sus esposas con elegancia y fino señorío usando con parquedad sitios exquisitos y finos. En el caserío que estaba creciendo los veían sólo con amantes que complacían su voraz apetito por monedas o prendas, que a la moda presentaron expertos modistos al lado de cierta publicidad. Varios de esos gigantes con sus panfletos y sueños llegaron a ser gobernadores. En cierta época del año se aliaron con la mafia criolla y con ciertas siembras que procesaban como si fueran listos ruiseñores. Desde la región plana viajaban en busca de bellezas y hermosos cuerpos que la basta zona mostraba. Hablaban de guardaespaldas pero todos desde allí a la otra parte bajaban. La prensa escribía que eran sus secretarios pero los verdaderos reían y se entonaban. Algunos sí llegaron a las oficinas con diplomas como doctores que en el mercado negro se compraban hasta con las mismas canciones.

Seguimos avanzando hasta llegar a Proverbios 4: “7 ¡Sabiduría ante todo! ¡Adquiere Sabiduría! Y antes que toda Posesión, adquiere entendimiento. 8 Apréciala, y ella te Levantará; y cuando la hayas abrazado, te Honrará. 9 Diadema de gracia Dará a tu cabeza; corona de hermosura te Otorgará. 10 Escucha, hijo Mío, y recibe mis dichos, y se te Multiplicarán años de vida. 11 En el camino de la Sabiduría te he instruido, y por sendas de rectitud te he hecho andar. 12 Cuando camines, tus pasos no Hallarán impedimento; y si corres, no Tropezarás. 13 Aférrate a la disciplina y no la sueltes; consérvala, porque ella es tu vida. 14 No entres en el sendero de los Impíos, ni pongas tu pie en el camino de los malos. 15 Evítalo; no pases por él. Apártate de él; pasa de largo. 16 Porque ellos no duermen si no han hecho mal; pierden el sueño si no han hecho caer a alguno. 17 Pues comen pan de impiedad, y beben vino de violencia. 18 Pero la senda de los justos es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que es pleno Día. 19 El camino de los Impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan. 20 Hijo Mío, pon Atención a mis palabras; inclina tu Oído a mis dichos. 21 No se aparten de tus ojos; Guárdalos en medio de tu Corazón. 22 Porque ellos son vida a los que los hallan, y medicina para todo su cuerpo.”

Los pequeños y ágiles protagonistas aprendieron de sus progenitores a vivir la vida sin fumar tabaco o cigarrillos y a no consumir alcohol, que a muchos los hizo agonizar de cirrosis o mal de aliento hasta afectando la riñonada. La marihuana ya se cultivaba en los ocultos y escondidos potreros que todos sabían con exactitud todas las coordenadas. Los cultivos de algodón y arroz traído de la China que allí se cultivaban, fueron destruidos y reemplazados por flores que los hacia entonar cada día risotadas. La astucia la trajeron los políticos con las mejores instrucciones. Fue su principal vocero el Alcalde del caserío y otro dirigente que llegó de la ciudad colonial amurallada. Los concejales firmaban las leyes para proteger intereses que ellos mismos se inventaban. Al pueblo raso y a los vendedores de fruta y verduras no los beneficiaba. Por el contrario siempre los dejaban sin nada. Las ramas de coca aún para la época en el árbol se respetaban. Los aborígenes de la región usaban la hoja para alimento y medicina que a todos sanaba. Como hubiera sido la pasta blancuzca y el negocio de lo ilícito en todas las madrugadas si los caballos de Don Alejo hubieran aceptado chicha por limonada. El gallo que buscaron nunca sirvió y los celadores dijeron que el ordinario nunca cantaba. Se escuchaba que carros y vehículos con orden presidencial sacaban hierbas a otras regiones con gentes sofisticadas. Esos con estrategias de película a otra región vecina la frontera cruzaban. Por dinero, ron y mujeres bellas los guardias de seguridad nunca miraban. Nadie supo como pudieron con las ciertas responsabilidades sin descuidar amor, vida, trabajo, estudio, parranda y fiestas enrutadas.

La etapa primaria y secundaria pasó por las vidas de ellos tan rápido que no alcanzaron a envejecer aquellas frías ensaladas. 18 años tenía cada uno, cuando se declararon amor eterno con serenata incorporada. Quisieron enfrentar la vida como alondra y azulejo que usan el ingenio para salir de lo cotidiano y alejarse un poco de esas payasadas. El juez de un municipio cercano les hizo firmar el documento para comprobar que la palabra como autoridad se materializaba. La familia materna invitó a un varón religioso para orar como testigo del santo matrimonio de la unión que con ceremonia religiosa de fe se gestaba. El ritual espiritual se llevó a cabo al aire libre en uno de los establos del inmenso lote del rancho que lanzó claveles desnudos alborotando a los muchachos. Las jovencitas del ocaso quisieron que él las enamorara pero su corazón sólo a una y en especial amaba. Sus brillantes ojos no extraviaron la fuerza ni el camino que lo condujo a dicha segura y a la azucena perfumada. Un sábado en la mañana la fiesta se hizo presente y de todos los rincones llegaron a danzar sin tacones y con instrumentos que a distancias ya sonaban. Los dos estaban muy jóvenes pero estaban seguros que el amor todo lo simplificaba. Sabían que esa es una de las mejores razones para vivir sin premuras y alcanzar las fragancias que añoraron en una fiel madrugada. Ella lucía una rosa alrededor de su pequeña cintura dando rienda suelta al movimiento de sus caderas contorneadas que como finas lentejuelas algunas se asustaban. Un vestido blanco encantado de seda y satín averdolado saltaban sin esas penumbras. La envidia estaba allí en todas las penetrantes miradas.

Llegaron a la casa materna rosas y ramos de flores de todas las estancias. La alegría también lleno los aposentos en cada morada y fueron ejemplo de amor para quienes esperaban un príncipe azul y una dama rosada. Su padre biológico era ganadero y allí aprendió lo que es lidiar con vacas, monederos y una que otra idiotada. También en sus ratos libres de estudio, trabajaba la agricultura y sus uñas no tuvieron tiempo de ir al salón de los pinos ni a la famosa sala que a algunos torció sus andanzas. El fue muy fuerte en cada faena y cumplió las tareas como aprendiz de barriada. Logró cumplir las obligaciones del hogar y el empleo, terminando una carrera universitaria como ingeniero de exploración del líquido que se acabará a distancia. Ella tuvo desde niña talento para la pintura plástica, el arte y los bordados que a ritmo de diosa utilizaba. La bella iba los fines de semana a clases de pintura al óleo y sobre tela bordada, grabando en los recuerdos cuadros que traían riquezas y ganancias encartonadas.

Leamos a Proverbios 5: “15 Bebe el agua de tu propia cisterna y de los raudales de tu propio pozo. 16 ¿Se han de derramar afuera tus manantiales, tus corrientes de aguas por las calles? 17 ¡Que sean para ti solo y no para los extraños contigo! 18 Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, 19 como una preciosa cierva o una graciosa gacela. Sus pechos te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. 20 ¿Por qué, hijo Mío, Andarás apasionado por una mujer ajena y Abrazarás el seno de una extraña? 21 Los caminos del hombre Están ante los ojos de Jehovah, y él considera todas sus sendas. 22 Sus propias maldades Apresarán al Impío, y Será atrapado en las cuerdas de su propio pecado. 23 El Morirá por falta de disciplina. Y a causa de su gran insensatez se Echará a perder.”

Cada año nacía un hermoso niño que aumentaba con fascinación la familia y las labores de la casa. La granja se convirtió en una sala cuna poco o nada acostumbrada. 30 años tenían los dos cuando una importante empresa a él lo contrató para investigar sobre asuntos del oro negro y la perforación de pozos. Si aceptaba la propuesta debía moverse a otra ciudad con toda su familia. Eran ya 10 hijos varones quienes conformaban el hogar de los dos enamorados esposos que estaban felices como ninguno lo lograba. Todos los pequeños nacieron con su piel con el color de los dioses del olimpo y llegaron de madrugada. No hubo necesidad de médicos, porque las comadronas por allí de buena manera y con sabiduría abundaban. Para cada uno de ellos Dios y la vida les había regalado una nube blanca mezclada con una manotada de ceniza gris que sobre su piel cada año se posaba. Si algo sobresalía en toda la estepa y sobre los 10 kilómetros cuadrados alrededor de la estancia, era el color corpóreo de los bellos infantes que a nada igualaban. Cada detalle físico de los luceros fue una obra de arte como si una máquina industrial en serie los fabricara. Sus dientes eran manojos de perlas distribuidas en forma de diamantes. Los niños habían heredado la fuerte sonrisa del joven padre y la dulzura y distinción exquisita de la madre. Eran distintos todos entre los genes iguales. El padre reunió una noche a la familia incluyendo a su joven esposa, padre, madre y retoños. Les narró la propuesta recibida y esperó con atención el concepto de todos.

Era la única oportunidad para desarrollar habilidades innatas y aprendidas sin necesidad de recurrir a los genios postizos y plásticos que ya por allí abundaban. También una forma de conocer otros lugares y distintas gentes que por el lugar jamás pasaban. Aceptaron la innovadora razón para mudar de sitio y quedaron aunque en silencio y con interrogantes muy tranquilos y sobresalieron algunas novatadas. El joven esposo fue primero al lugar y se presentó a las oficinas del complejo petrolero con cortesía lo recibió. Los administradores le hicieron exámenes de rigor y todos quedaron maravillados. Sus conocimientos superaban lo inesperado. Entre dientes y con sigilo se decían: “Quien ve al negro del pueblito en donde se cosecha la nada”. Lo nombraron Gerente de uno de los consorcios de la compañía y jefe del Departamento de Investigación, para que trabajara innovando nuevas técnicas de extracción.

Proverbios Capítulo 6: “5 Escapa como el venado de mano del cazador, como ave de mano del que tiende la red. 6 Vé a la hormiga, oh perezoso; observa sus caminos y sé sabio. 7 Ella no tiene jefe, ni comisario, ni gobernador; 8 pero prepara su comida en el verano, y guarda su sustento en el tiempo de la siega. 9 Perezoso: ¿Hasta Cuándo has de estar acostado? ¿Cuándo te Levantarás de tu sueño? 10 Un poco de dormir, un poco de dormitar y un poco de cruzar las manos para reposar. 11 Así Vendrá tu pobreza como un vagabundo, y tu escasez como un hombre armado. 12 El hombre depravado, el hombre inicuo, anda en la perversidad de boca, 13 guiña los ojos, hace señas con sus pies e indica con sus dedos. 14 Perversidades hay en su Corazón; en todo tiempo anda pensando el mal, provocando discordia. 15 Por eso, su calamidad Vendrá de repente; Súbitamente Será quebrantado, y no Habrá remedio. 16 Seis cosas aborrece Jehovah, y aun siete abomina su alma: 17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente, 18 el Corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies que se apresuran a correr al mal, 19 el testigo falso que habla mentiras y el que provoca discordia entre los hermanos. 20 Guarda, hijo Mío, el mandamiento de tu padre, y no abandones la Instrucción de tu madre. 21 Átalos siempre a tu Corazón, y Enlázalos en tu cuello.”

Uno de los ingenieros experimentados y mayor en edad, le recomendó que comprara casa en el mejor sector de la metrópoli. Le dijo: “Conozco una zona residencial en donde todas las familias son cristianas. Se dice que todos y todas van a misa y rezan juntos en alabanzas. Al parecer es el mejor sitio para que usted levante familia porque según escucho es numerosa con templanza. Se que allí en el hermoso lugar están vendiendo tres casas. Lo puedo llevar al sitio cuando usted lo disponga.” Como era un intrépido y rápido para tomar decisiones, no esperó dos minutos, cuando ya estaban rumbo al espacio indicado. Llegaron al sector y de inmediato negoció dos de las casas. Compró el inmueble esquinero y la otra que seguía sobre la Avenida principal que conducía al Aeropuerto de la planicie escarlata. El lugar estaba muy cerca de una gigante e inmensa ciénaga. Pocos kilómetros distaba del río que parecía un mar de elegancia. Ese si llevaba caudal en sus aguas y era superior al que él estaba acostumbrado a ver en su pueblo natal que abandonaría a la distancia. Sólo se debían modificar algunos asuntos remodelatorios y abrir dos nuevas puertas internas para comunicar los dos edificios y se les notaba aseguranza. Sus ahorros económicos y la ayuda financiera de las dos familias no le fue difícil adquirir los nuevos bienes. Un 5 de Agosto la familia arribó con todas sus pertenencias al nuevo hogar. El bus de la empresa se encargaría de llevar y traer a los niños a la escuela que era regentada por la administración de la misma compañía que cancelaba sueldos que no llenaban la panza.

Tuvieron que organizar cada una de las habitaciones. A cada uno de 7 niños le entregó su dormitorio individual. Los tres menores los ubicaron en una con ventana encantada. Desde el primer día que llegaron empezaron los desprecios y la discriminación de los vecinos que se reían al ver un grupo sonriente. Cuando los pobladores se dieron cuenta que eran una familia de raza negra los recién llegados, las burlas y los tormentos se lanzaron por el aire de los inocentes. Todos fueron afectados. Quisieron después de tres meses en el nuevo ambiente, regresarse al adorado poblado pero era de cierta manera dejarse ganar de los atrasados. Ellos nunca entendieron la razón pero cada corazón guardó con cerrojo de orquídea lozas de emoción. Aquello que veían sus ojos eran congéneres que no venían de raza blanca. Si la razón era por racismo o algo parecido no entendían en sí la persecución. Los habitantes se creían de raza pura y diferente a la de las ratas. Estaban más equivocados que el “hijo de Limber”, dijo un soldado observando un arado. El color de piel de los citadinos era de los aborígenes mezclados y criollos. Sus facciones y orejas de los nuevos encontrados estaban más cerca de los de la propia raza. Eran los más parecidos a las fuertes culturas que fueron expulsadas del pedazo de globo que en jaulas llegaron a un mundo de venganzas. Querían negar su origen verdadero pero los rasgos los delataba. Había orgullo con cierta vanidad y les quedaba grande el oro y hasta el mármol como el cristal. Eran como esas “carangas resucitadas” de la historia olvidada que dejaron los señores sobre canastas de plaza. Los visitantes guardaron prudencia y distancia de la plaga que lesionaba con su ego abismal.

Proverbios 8, exhorta: “10 Recibid mi Corrección antes que la plata, y el conocimiento antes que el oro escogido. 11 Porque la Sabiduría es mejor que las perlas; nada de lo que desees Podrá compararse con ella. 12 "Yo, la Sabiduría, habito con la sagacidad, y me hallo con el conocimiento de la Discreción. 13 El temor de Jehovah es aborrecer el mal. Aborrezco la soberbia, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa. 14 Míos son el consejo y la eficiente Sabiduría; Mía es la inteligencia, y Mía la Valentía. 15 Por Mí reinan los reyes, y los magistrados administran justicia. 16 Por Mí gobiernan los gobernantes, y los nobles juzgan la tierra. 17 Yo amo a los que me aman, y me hallan los que con diligencia me buscan. 18 Conmigo Están las riquezas y la honra, los bienes duraderos y la justicia. 19 Mejor es mi fruto que el oro, que el oro fino; mis resultados son mejores que la plata escogida. 20 Camino por la senda de la justicia, por los senderos del derecho; 21 para hacer que los que me aman hereden un patrimonio, y para que yo colme sus tesoros. 22 "Jehovah me Creó como su obra maestra, antes que sus hechos Más antiguos. 23 Desde la eternidad tuve el principado, desde el principio, antes que la tierra. 24 Nací antes que existieran los océanos, antes que existiesen los manantiales cargados de agua. 25 Nací antes que los montes fuesen asentados, antes que las colinas. 26 No Había hecho Aún la tierra ni los campos, ni la totalidad del polvo del mundo. 27 Cuando Formó los cielos, Allí estaba yo; cuando Trazó el horizonte sobre la faz del océano, 28 cuando Afirmó las nubes arriba, cuando Reforzó las fuentes del océano, 29 cuando dio al mar sus Límites y a las aguas Ordenó que no traspasasen su mandato. Cuando Establecía los cimientos de la tierra, 30 con él estaba yo, como un Artífice maestro. Yo era su delicia todos los Días y me regocijaba en su presencia en todo tiempo. 31 Yo me recreo en su tierra habitada, y tengo mi delicia con los hijos del hombre.”

A los cuatro meses se complicó la salud de la esposa y su belleza resplandeció como mariposa de nácar. Una tarde sintió fuerte vómito y malestar con desaliento. Su cuerpo elevó la temperatura y hubo antojos no acostumbrados. Nunca antes había sentido semejante sensación. Hubo algo nuevo dentro de su cuerpo que se movía como danza de sol. Una vez llegó el esposo se hicieron los preparativos y él la llevó rumbo al hospital y al facultativo. Enviaron un telegrama a la familia que los amaba para que la madre biológica de ella viajara como apoyo en la emergencia encontrada. El doctor recomendó quietud y reposo abundante. A los dos días la madre y una de sus hermanas llegaron a la metrópoli de la contradicción. El médico les dijo otra verdad: “Su esposa está embarazada pero no sabemos de donde viene el problema. Es una mujer muy fuerte y ningún embarazo se manifiesta igual.” Pasaron los 9 meses y nació una hermosa niña de ojos grandes negro azabache y brillantes de galaxia encantada. Alguien expresó que después de 10 hijos varones, el embarazo si es una niña se complica sin una explicación. Los atropellos continuaban y el sacerdote del templo no los quería ver en los rezos. Como venían de una familia cristiana debían ir a misa pero para no molestar a esos moradores cancelaron la dieta y el miércoles de ceniza. Las tiendas nos les vendían los alimentos. Pan, leche, huevos y quesos, los compraban a millas de distancias del sector. El color y la procedencia de la familia no eran amados en la zona. Los niños no podían salir al parque porque eran humillados, ofendidos y golpeados. En las horas de la noche, los vecinos les lanzaban grandes piedras que caían sobre el techo de las dos casas y quedaban embrujadas. Era un gasto extra el cambio de tejas semanalmente y a veces se usaba el dinero de la leche. En las mismas paredes de las viviendas, los injustos escribían frases y sandeces. Los muros eran pintados una y otra vez cada vez que una nueva frase aparecía dejando la blancura como al revés.

Los vidrios de las ventanas eran presas fáciles de las rocas que los vecinos tiraban en las madrugadas destruyendo hasta cortinas y ropajes. La familia dio aviso a la policía pero ellos le aconsejaron que compraran una nueva casa y que por obligación debieran moverse danzando componiendo nuevas fiestas y canciones. En el segundo y tercer año dos nuevas niñas llegaron al hogar como doncellas y tomaron la decisión de salir de la comarca sin culpar a la sementera. Mientras tanto los habitantes redactaron un sendo memorial y recogieron firmas para obligar a la familia a salir del lugar. El Alcalde estuvo a favor de las mayorías y con risa burlona dijo que él no era alcancía. Ni siquiera el presbítero del sitio los defendió y cerró sus ventanales para no ver la salida. Ningún terrícola humano del lugar se solidarizó con los forasteros. Todos y todas estaban en contra de la permanencia de “los negritos chorro de humo” como ellos los llamaban. Por el color de la piel no eran gratos en el vecindario. Fueron tres largos años de angustia y sufrimiento pero tuvieron valor para permanecer en medio de antisociales y delincuentes.

Lograron comprar con sacrificio y esfuerzo y sobre una montaña una pequeña finca con un lote terreno de 4 hectáreas. Ellos serían los únicos y primeros en habitar la zona desconocida del plano. Desde el primer día empezaron a reconstruir la casona que no estaba en excelentes condiciones. El predio ubicado lejos de la ciudad haría algo difícil cada tarea. Era una zona con vegetación, fresco aire y agradable paisaje a la vista de la soledad de los vientos. Hubo que conseguir dinero prestado de la familia paterna del esposo para darle seguridad alrededor del nuevo hogar. Se construyó en la extensión del terreno, un muro en concreto, hierro, teja y madera, de 4 metros de alto con espacios intercalados que fácilmente dejaba ver lo que sucedía al otro lado de la calle. Seis nuevas habitaciones y 4 unidades de servicio sanitario estuvieron listas para los nuevos inquilinos. La parte física de la cocina y el comedor fueron ampliadas en su nueva apariencia. Hacia la calle se diseñó un local y este serviría como “taller artístico” para las obras y creaciones plásticas de la joven esposa. Hubo que trabajar durante 4 largos meses para mejorar la condición de la vivienda antes de ocuparla. Un pequeño parque interno fue de igual manera construido para el juego de los infantes. De nuevo el mes de Agosto hizo su agosto. Un día 10 y en el cuarto año de vivir en el espacio problemático, los esposos de 36 años de edad cada uno, con sus 13 hijos y dos mujeres adultas, iniciaron bajo un nuevo amanecer. La compra de una camioneta y un jeep campero hicieron parte del equipaje de los forasteros. Las dos casas que también eran de su propiedad quedaron vacías como desierto desolado.

La esposa habló con el médico de la empresa para empezar una forma de planificación natural y evitar nuevos hijos. Buscaban una niña y llegaron tres bellas criaturas como orquídeas de jungla inhabitada. Era la época en que ‘todo bebé llegaba con el pan debajo del brazo’. ¡Vaya época! La inteligente esposa se las ingenió con su madre y su hermana y montaron juntas un negocio. Inauguraron cerca a la avenida un confortable restaurante. El ingeniero mandó construir un hotel en una de las esquinas del predio para darle vida al paisaje encantado. Fue el primer inmueble de la región en instalar un radioteléfono para las comunicaciones. Fue la primera familia en tener una línea telefónica en casa. La emisora del pueblo solicitó un pequeño espacio sobre la montaña en renta, para instalar una antena para las transmisiones. La salida obligada del barrio discriminatorio y cruel, empezó a tener mejores éxitos. Cada día nuevas ideas y proyectos bajaban de un cielo que ellos desconocían a profundidad pero que los habían ganado de sus antepasados.

Habla el Capítulo 10 de Proverbios: “18 El que aplaca el odio es de labios justos, pero el que suscita la calumnia es necio. 19 En las muchas palabras no falta pecado, pero el que refrena sus labios es prudente. 20 Plata escogida es la lengua del justo, pero el Corazón de los Impíos no vale nada. 21 Los labios del justo apacientan a muchos, pero los insensatos mueren por falta de entendimiento. 22 La Bendición de Jehovah es la que enriquece y no añade tristeza con ella. 23 El hacer perversidades es un deporte para el necio, pero para el hombre de entendimiento lo es la Sabiduría. 24 Lo que el Impío teme, eso le Vendrá; pero a los justos les Será dado lo que desean. 25 Como cuando pasa la tempestad, Así el Impío no permanece; pero el justo tiene fundamentos eternos. 26 Como es el vinagre a los dientes y el humo a los ojos, Así es el perezoso a los que lo Envían. 27 El temor de Jehovah Aumentará los Días, pero los años de los Impíos Serán acortados. 28 La expectativa de los justos es Alegría, pero la esperanza de los Impíos Perecerá. 29 Jehovah es la fortaleza del íntegro de camino, pero es espanto para los que obran maldad. 30 El justo no Será removido Jamás, pero los Impíos no Habitarán la tierra. 31 La boca del justo Producirá Sabiduría, pero la lengua perversa Será cortada. 32 Los labios del justo saben hablar lo que agrada, pero la boca de los Impíos habla perversidades.”


A los 27 meses los terrícolas mortales humanos ofendidos habían olvidado los desprecios de los citadinos y las humillaciones de los injustos y equivocados inconformes. Cada día la familia sembraba semillas encantadas y encontradas, dando al paisaje un hermoso jardín en donde la primavera se hizo permanente sin romper la tradición de las otras estaciones. Todos y todas eran felices y las risas sanas y las fiestas estaban allí como enredaderas de bosque encantado. A las 12.30 de la tarde de un sábado, la familia estaba dentro de la mansión. Era muy reconfortante ver el cuadro amoroso de todos y de cada uno de ellos y una de ellas. Dos perros pastor alemán y una perra pastor coolí, hacían parte de la feliz familia montañera. A las 1.00 de la tarde, el astro sol se fue a dormir muy temprano. Todo se oscureció y sobre el firmamento aparecieron los primeros relámpagos, truenos, rayos y centellas. Un fuerte viento frío y helado recorrió la urbe de sur a norte. No hubo tiempo de preparar antesalas. La pequeña tormenta se convirtió en huracán a las 1.20 p. m., con vientos de 100 kilómetros por hora. Había amenaza de aumentar la fuerza y la velocidad. A todos los pobladores los agarró de imprevisto y con sorpresas poco aconsejable. Los árboles empezaron a moverse como si fueran gelatina de primíparo cocinero. Poco a poco iban agarrando fuerza los vientos y se fueron metiendo cada vez más al centro de la ciudad. A las 2.30 las autoridades del lugar afirmaban que los vientos superaban los 120 kilómetros por hora y que toda la población obligatoriamente debía permanecer dentro de las casas.

A las 2.45 de la penosa tarde, la fuerza del viento derribó dos postes del alumbrado público frente al templo del anterior barrio que había sido habitado por los forasteros. Una llama alcanzó los postigos de las ventanas y lanzó una llamarada que logró encender las cortinas del altar mayor de la construcción. En un “abrir y cerrar de ojos” la candela se extendió por todo el centro del inmueble y tomó con furia a cada uno de los tapetes que cubrían el piso de la edificación. Las estatuas de madera y la silletería fueron alcanzadas en un ‘santi amen’. Todo se fue quemando en forma precoz. El incendio llegó a la casa parroquial colindante y en donde residía el religioso del lugar. A las 3.00 p., m., las llamas también llegaron a la casa de la soltera secretaria de la iglesia que vivía con sus 6 hijos infantes y que al sacerdote del templo llamaban padrino.

Cuando llegaron los bomberos con sus carros especiales y ayudantes, los inmuebles se habían chamuscado por completo. Todo quedó sobre el suelo convertido en lodo, ceniza y carbón. El reloj marcaba las 3.15 de esa tarde cuando de repente empezó a llover sobre el firmamento de la ciudad “con cantaros de agua.” Nunca antes los pobladores habían visto un aguacero igual o semejante. Las tejas de las casas volaban por el aire haciendo más desgarrador el episodio. Unos corrían de un lado para el otro y no había un escondedero seguro. El río empezó a bramar como león rugiente y aumentó el caudal de sus aguas. La ciénaga fue recibiendo nuevas aguas y fue desbordando su capacidad de almacenamiento natural. Las aguas negras se mezclaron con las aguas cristalinas de los pozos potables. Las alcantarillas de las avenidas y calles se taparon y formaron remolinos que pudo haber usado el cine para sus videos. Las calles de la pequeña urbe parecían quebradas en exposición y vomitaban sus aguas sobre la misma ciénaga. Carros y bicicletas iban a parar por encima de los gigantes árboles de ceibas que estuvieron allí por años. El espectáculo era ver arbolitos pobres de navidad en escaleras. Algunos vehículos fueron a parquear sus carrocerías encimas de los tejados de los inmuebles. Esos parecían grupos de gatos en celos.

A las 4.30 de la tarde el agua dentro de la ciénaga no resistió la compañía de sus nuevas moléculas y empezó a forcejear con el muro y el dique de contención de la represa. El muro de concreto, hierro y acero, se reventó a las 5.00 en punto. Entrando la noche las aguas empezaron a danzar y a correr rumbo al barrio de los injustos. En cada minuto destrozaban como si fueran tortas de pan las paredes lujosas de las viviendas y la furia de los vientos y las aguas hicieron un nuevo agosto. Eran ráfagas de agua como si aviones militares se hubieran puesto a desfilar para una revista fiesta del mejor aniversario. A Cada segundo los nuevos acontecimientos se veían en el aire danzando como hermanos de coreografía para carnaval. Sobre el firmamento de la metrópoli pedazos y trozos de metal, láminas y latas, se percibían como si una guerra de aves hubiera empezado. El temor y el miedo se apoderaron de los habitantes y hubo confusión total en las gargantas. Varios de los parroquianos se tiraron de rodillas al piso de las casas ya destechadas. Otros corrían por la avenida como orates en busca de refugio seguro.

A las 6.30 de la noche la corriente de las aguas ingresó como visitante enamorado a cada una de las casas. La fuerza peleaba con los muros y con las mismas paredes. Salió de una de las esquinas un ciudadano para tranquilizar a los citadinos. Empezó a través de un altavoz de batería, a decir que debían todos y todas correr al estadio más cercano. Era una guerra desigual al ver la fuerza de la naturaleza. Todos de alguna manera por vez primera se dieron cuenta que eran una sola familia y que nada poseían. Alguien dijo: “Sólo somos mortales terrícolas de paso”. Como curies asustados iban llegando uno a uno al nuevo hogar y un silencio sepulcral de esos que lanzan quejidos, estaba acompañando el cruel suceso. No hubo tiempo de sacar las pertenencias. Las calles parecían mares con sus barquitos flotantes. El agua aumentó su fuerza y levantó los árboles con sus raíces de la tierra y los incrustó contra cada inmueble destruyendo su fortaleza. Los muros de las casas y de los edificios fueron cediendo poco a poco y se fueron cayendo como juegos de domino de cantina. No se sabía que estaba pasando afuera pero la oscuridad llegó como nunca y no hubo una vela para mirar los rostros. Llegaron de otros lugares de las montañas vecinas, nuevos pedazos de troncos secos y verdes que se veían ingresar a cada vivienda. Los truenos asustaban la escena y rayos y nuevas centellas se escuchaban como bombas atómicas. Hubo un eco que atemorizó los oídos de los orgullosos. La electricidad por orden del alcalde fue suspendida en toda la zona de la tragedia. Esa parte de la ciudad quedó aislada del mundo civilizado por tierra, mar y aire. A las 7.00 de la noche la emisora radio del pueblo confirmaba que todos los barrios cercanos a la ciénaga estaban inundados y que se prohibía por orden del gobierno su acceso. A las 8.00 de la noche por un momento dejó de llover. Fueron cinco horas de un torrencial de agua como nunca lo habían imaginado ni en las telenovelas que las revistas mostraban. La radio recomendaba no salir hacia la ciénaga porque en cualquier momento podía volver a empezar la lluvia. Un viento helado recorrió las paredes del estadio. El locutor confirmó que un 80% de las casas estaban destruidas y que la tragedia era superior a toda especulación narrada. Todo parecía un cementerio. De nuevo a las 8.30 p. m., aparecieron rayos, truenos y centellas. Ahora caía más agua que antes. Del cielo cayó granizo que penetró los huesos de los humanos vivientes. Tres nuevas horas de agua, viento y truenos. Entrada la madrugada dejó de llover por unas horas.

A las 1.30 de la madrugada del domingo, arribaron en medio del frío a la puerta principal del estadio, dos mujeres adultas, un ingeniero y 8 niños varones sonrientes entre 7 y 15 años. Los visitantes traían linternas en sus manos y vasijas que cargaban de dos en dos en fila india. Llegaron dentro de un jeep campero, una camioneta y un camión gigante de triple tracción con 32 ruedas juntas. Traían comida caliente, sábanas, cobijas, colchonetas, almohadas y dulces. Empezaron a repartir leche de vaca caliente para los niños pequeños, pan, refrescos y agua potable para todos los huéspedes. Sus rostros estaban tristes pero había una luz fosforescente en cada uno de ellos que los hacia parecer ángeles salidos del vacío. Empezaron de uno en uno y de una en una, entregando los alimentos e implementos. Nadie podía creer aquello que los ojos humanos apreciaban. Era nada menos que la familia que había salido expulsada del barrio y la misma que fue humillada y pisoteada por quienes ahora estaban tristes y confundidas. En ese amanecer de congoja, la prole despierta y con sanas energías, trabajó como nunca y amortiguaron las penas del pasado ayudando a quienes se burlaron de bellezas ocultas. Los infantes parecían adiestrados en sus labores y se les vio dinámico como si un motor los empujara. Ofrecieron alojamiento en el hotel, a las madres que tuvieran hijos pequeños y a los niños y niñas menores de 10 años.

Los voluntarios regresaron con nuevos amigos a la casa campestre a las 5.00 de la mañana pero les advirtieron que en las horas de la tarde regresarían con comida caliente y que estarían de nuevo para socorrerlos hasta que pasara la odisea. Se escucharon llantos de gentes aterradas por la sorpresa y sollozos de habitantes incrédulos de lo que todos observaban. Fue un momento como nunca se vivió en toda la nación. De una ciudad cercana llegaron 2.000 militares para ayudar y socorrer a los damnificados. Trajeron carpas, medicinas y alimentos no perecederos. Esos hombres armados que empezaron a custodiar el lugar creyeron que allí nunca había habido viviendas y que las quejas eran producto de una locura que se presenciaba en el aire.

Leamos Proverbios 12: “13 En la Trasgresión de los labios hay una trampa fatal, pero el justo Saldrá bien de la Tribulación. 14 El hombre Será saciado con el bien del fruto de su boca, y también le Vendrá la recompensa de sus manos. 15 En la Opinión del insensato su camino es derecho, pero el que obedece el consejo es sabio. 16 El insensato al instante da a conocer su ira, pero el que disimula la afrenta es prudente. 17 El que habla verdad declara justicia, pero el testigo mentiroso hace engaño. 18 Hay quienes hablan como dando estocadas de espada, pero la lengua de los sabios es medicina. 19 El labio veraz Permanecerá para siempre; pero la lengua mentirosa, Sólo por un momento. 20 Engaño hay en el Corazón de los que traman el mal, pero en el Corazón de los que aconsejan paz hay Alegría. 21 Ninguna adversidad le Acontecerá al justo, pero los Impíos Estarán llenos de males. 22 Los labios mentirosos son Abominación a Jehovah, pero le agradan los que Actúan con verdad. 23 El hombre sagaz encubre su conocimiento, pero el Corazón de los necios proclama la insensatez. 24 La mano de los diligentes Gobernará, pero la de los negligentes Será tributaria. 25 La congoja abate el Corazón del hombre, pero la buena palabra lo alegra. 26 El justo sirve de Guía a su Prójimo, pero la conducta de los Impíos los hace errar. 27 El negligente no alcanza presa, pero el hombre diligente Obtendrá preciosa riqueza. 28 En el camino de la justicia Está la vida, y en su senda no hay muerte.”

Muy temprano a las 8.00 de la mañana, las autoridades evaluaron los daños. Como lo había dicho la radio y el locutor. El 80% de las casas estaban en el suelo destruidas. Las dos casas que eran propiedad del ingeniero y de su esposa no habían sufrido un rasguño. Todo el panorama estaba como después de una guerra nuclear. Un 90% de los enseres estaban navegando rió abajo y era imposible rescatarlos. La fuerza del agua había destruido la fuente de agua potable. El 90% de los postes de alumbrado público estaban sobre las calles como arbolitos moribundos. Por lo menos se gastarían 7 días antes de volver a la normalidad. Murieron 30 ancianos, 15 niños y 20 jóvenes que no pudieron salir a tiempo del desastre. 20 gatos y 30 perros se ahogaron. Sobre las aguas flotaban como canoas los cuerpos inertes de cerdos, vacas y caballos. Se aconsejó que cada familia buscara albergue por su cuenta porque no había una entidad que respondiera por los daños. El paisaje desgarró cada corazón de la zona y no se sabía porque los tiempos cambiaron tan repentinamente. No era un tiempo de lluvias y no había una causa para explicarla. La ciénaga se había apoderado del barrio y ahora solo era una ciénaga más gigante muy parecida a un dictador. El río y la ciénaga se unieron y no se sabía cual de los dos era el mejor navegable. Las bases de las casa no se veían y uno que otro árbol desojado estaba de pie contemplando la macabra escena. El río se bebió y se tragó el 60% de la urbe. Sólo las casas, inmuebles y las carreteras apostadas en la montaña, estaban de pie sin sufrir daño alguno y una que otra que no logró ser tocada por la tragedia. El pueblo quedó aislado en sus comunicaciones. La familia foránea siguió en sus labores y atendió a los de sin casa durante siete largos y penosos días.

Y lo dice Proverbios 16: “20 El que Está atento a la palabra Hallará el bien, y el que Confía en Jehovah es bienaventurado. 21 El sabio de Corazón Será llamado entendido, y la dulzura de labios aumenta el saber. 22 Fuente de vida es el entendimiento al que lo posee, pero el castigo de los insensatos es la misma insensatez. 23 El Corazón del sabio hace prudente su boca, y con sus labios aumenta el saber. 24 Panal de miel son los dichos suaves; son dulces al alma y saludables al cuerpo. 25 Hay un camino que al hombre le parece derecho, pero que al final es camino de muerte. 26 El apetito del trabajador es lo que le obliga a trabajar, porque su boca lo apremia. 27 El hombre indigno trama el mal, y en sus labios hay como fuego abrasador. 28 El hombre perverso provoca la contienda, y el chismoso aparta los mejores amigos. 29 El hombre violento persuade a su amigo y le hace andar por camino no bueno. 30 El que entrecierra sus ojos para planear perversidades, el que aprieta sus labios, consuma el mal. 31 Corona de honra son las canas; en el camino de la justicia se encuentra. 32 Es mejor el que tarda en airarse que el fuerte; y el que domina su Espíritu, que el que conquista una ciudad. 33 Las suertes se echan en el regazo, pero a Jehovah pertenece toda su Decisión.”

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