6 mar. 2010

ESTAMOS DE PASO

El viernes 1 de enero, 2010, el Arzobispo de la ciudad capitalina empezó el nuevo año con la celebración de la Santa Misa y el santo rosario. Fueron muchos los ciudadanos que caminaron hacia el recinto de la catedral. Hubo varios invitados entre los asistentes sobresaliendo dirigentes políticos, gobernantes, el Presidente de la nación, la Primera Dama, el alcalde metropolitano, artistas, literatos, deportistas y comerciantes. No hubo un pobre entre los rezos y oraciones. Al terminar la actividad, el purpurado se dirigió al mandatario que se encontraba orondo entre las sillas de la primera fila y le rindió homenaje con saludo y reverencia. Todo quedó en ese video que la historia contempló con cierto temor y admiración de lágrima. La Eucaristía fue vistosa rodeada de música criolla y clásica. Había otros clérigos entre los celebrantes y varios estudiantes seminaristas participantes. Tanto el religioso como el primer gobernante, provenían de familias afrodescendientes. Aquel día los pobres no pudieron ingresar al templo porque los citadinos que se consideraban los mas importantes, estaban como muralla apostados en el recinto con varios guardias de seguridad que impedían el paso a quien se atreviera a contradecir la ceremonia. Al finalizar todos pasaron al gran salón para saborear viandas, bebidas frescas, licores, tabacos, vinos y manjares. Ellos se vieron obligados a izar la bandera nacional porque el pequeño territorio celebraba su fiesta anual. A lo lejos se vieron grupos de familias y obreros, que divisaban la ceremonia carnavalesca. Los más afortunados observaron las primeras imágenes del evento por la pantalla chica del viejo televisor que estaba en la sala de la casa de Doña Simone de Balow. Al caer la tarde hubo algarabía de juegos artificiales con abrazos, besos y risas.

Al otro lado de la urbe se divisaban siluetas que contorneaban caderas y cinturas frescas invitando a novios y novias a cancelar irrisorias monedas por ratos de placer y horas de entretenimiento que llevan al éxtasis de los encantos. También los jóvenes dejaban ver sus apetitos cobrando los minutos a esos clientes que llegaban en automóviles recogiendo la piel que hace soñar a quienes miden relaciones que se enfrentan con quienes cuestionan el modernismo liberado de normas naturales. Como en parranda los cuerpos desfilaban con danza y pasarela entre licores baratos y picardías entre rejas. Doña Simone estaba segura que debía hacer brujería esa noche con la esposa de uno de los miembros de la casa morada. Hubo un rito que no pudo entender el viento del atardecer que se escondió silencioso del bochorno averaniado. Un rugido y llanto era escuchado a lo lejos y provenía de mujeres que en estado de embarazo se alistaban para traer al mundo a sus hijos sin pan ni ropa. Algo melancólico era el susto en la misma molienda súper poblacional. Todo estaba en el calendario de los días junto a las facturas de las oficinas del gobierno. Las cámaras jamás llegaban a ciertos rincones de la isla. Los periodistas con sus medios de comunicación, despreciaban a los más desarropados del lugar y no les ofrecían ni una fotografía para un remedio entre los artistas. Los pobres estaban muy solos entre sus tertulias. Cada familia se multiplicaba como relámpago nocturno en tormenta de lluvia que llega sin alistar el impermeable.

Los mas privilegiados y quienes se habían apoderado de los recursos de las mayorías, estuvieron felices y dichosos. Hasta la “reina de belleza” de un pequeño corregimiento, pudo saborear la comida con sus platos típicos, que fueron preparados por la familia Hurtubise. Los periodistas con sus cámaras, hicieron ver al mundo que la pequeña ladera, gozaba de bienestar, riqueza, tranquilidad e igualdad. Aquel que logró ver y escuchar las noticias del momento, se imaginó que allí no se encontraban pobres “ni para un remedio.” Embajadores de varias naciones poderosas desfilaron por los salones del “Palacio Presidencial.” Varios de los diplomáticos visitaron el “Palacio Cardenalicio” con sus esposas y agregados. Algunos representantes del sur del continente estuvieron participando como invitados a la parranda. Amigos, contactos y allegados que llegaron de los países amigos, vieron el festín a kilómetros de distancia y creyeron ser protagonistas del episodio de los recuerdos. Los pobladores no se percataron de esos militares que llegaron del continente cercano y que se agruparon en las tierras cercanas al club de golf, en donde los ricos se reunían en sus cambuches, para recrear la vida, en esas horas libres y cercanas a sus pocas labores.

La rutina seguía su costumbre en cada mirada. Cada quien afirmaba tener su propia casa y sus bienes, no así los menesterosos. El lujo estaba en pocas viviendas del centro de la ciudad. Al parecer quien diseñó la metrópoli en el pasado había olvidado planificar cada medida con elegancia. También hubo orgullo entre sus moradores que se creían escogidos del mar y de la misma brisa. El poco lujo de unos cuantos, estuvo allí expuesto como en plaza de mercado criollo. Cada cual trajinó su cultura hasta el anochecer. La pobreza estuvo intacta desde los últimos de 5 siglos. Un país europeo había saqueado los recursos en la centuria de contradicciones y pillajes. El invasor nunca tubo consideración con los isleños pobladores sino que cada año cobraba altos intereses chupando la sangre a ricos y pobres. Hasta los burros y mulas que se acercaban a los muelles y puertos, debían pagar altos impuestos. Las oraciones y rezos de los líderes religiosos estaban escasas y cada una de ellas se iba siempre por las cañerías y alcantarillas que contaminaban las cristalinas aguas creadas antes de la llegada de los pretensiosos del norte costero.

El 11 de Enero “algo apareció en el horizonte de las nubes” dijeron los muchachos que en grupo fumaban marihuana entre los arbustos que estaban cercanos a la playa en donde los turistas llegaban a recoger a los guías. Al parecer las nubes lanzaron unos colores aterciopelados como cuando el arco iris baila sobre la montaña de los azadones y de los mismos remiendos. Andrew expresó a su familia que él había visto nubes de diferentes colores sobre el firmamento lejano. Las mismas hacían figuras geométricas como si hubiera comunicación con un planeta cercano o muy parecido al polvo que dejan ciertos aterrizajes en pistas no pavimentadas. “Era como de película” dijo Charles al llegar la noche. Hubo frío en los ranchos que estaban construidos sobre lodazales y barro. La calma llegó al entrar la madrugada. Los pobres dormían sobre colchones raídos con los mismos remiendos en sus ropas. Fueron muchos los hogares que llegaron a conciliar el sueño con hambre y frío.

El martes 12, la nación empezó el día con una extraña brisa que bajó de las pocas montañas de la planicie. Los pobladores vieron a los lejos sobre el Mar que los circundaba, varias naves extranjeras que estaban semejantes a esas que pescan en rió revuelto o en playas privadas. Don René estaba esperando a su hija frente al consultorio del Doctor Alexandre, cuando escuchó un fuerte ruido que salió desde las entrañas de la tierra. Eran las 16:53:09 hora local (21:53:09 UTC), cuando todo empezó a bailar como carnaval brasilero. Las piedras y rocas que se habían fusionado en la construcción de algunos edificios, regresaron a su estado natural sobre las cabezas de los peatones que a esa hora caminaban por las calles y avenidas de la metrópoli. El polvo empezó a caer de los altos edificios como rocío de primavera. El Palacio Presidencial se convirtió en celda de preso y se desplomó como gelatina de pobre en la retaguardia. Los científicos alistaron el informe y dijeron que el epicentro se había presentado a 15 kilómetros de la misma ciudad de aniversario. Los especialistas dijeron que tuvo una magnitud de 7.3 [Escala de Richter]. De nuevo el llanto de los pobres estaba al aire libre de los desocupados que aguantaban hambre dos años atrás. Tanto ricos como pobres quedaron en las calles desamparados. Hubo una carrera entre los unos y los otros. Por vez primera en el país la igualdad quedó entre todas las falsas clases sociales inventadas. Lloraron: Ricos y pobres, blancos y negros, criollos, mulatos, zambos y hasta los turistas que se creían de otra estirpe.

La primera en destruirse fue la cúpula de la catedral. Los escombros cayeron sobre los cuerpos de sus moradores dejando a más de una centena de ellos bajo las ruinas convertidas en pedazos de barro cocido y basura de antaño. Seguidamente se derrumbó la cúpula del palacio presidencial. Las circunstancias hicieron que el primer mandatario fuera expulsado de sus muros con vida. La tristeza del varón lo llevo a improvisar una pequeña oficina en un garaje dejado por la caída del cuartel de la policía de la ciudad. Lo muros de los templos quedaron esparcidos por el suelo propiedad del terremoto. La tierra lanzó un grito y les dijo: “Ustedes están de paso. No se sientan los dueños de lo que a mi me pertenece. Ustedes no poseen nada y he visto que han usurpado mi tranquilidad y mi viaje.” Las gruesas paredes de los viejos edificios no resistieron el remezón en esa parte del globo. Paredes, puertas y ventanas se convirtieron en chatarra inservible. Los segundos fueron aterradores para quienes se sentían poderosos y eternos. La tierra dio su mejor lección. Los cuerpos de los religiosos, seminaristas, religiosas, funcionarios, empleados y pobladores, quedaron sepultados bajo las ruinas de lo que fue una injusta ciudad de contradicciones y vejámenes. Los rezos y oraciones de los purpurados no sirvieron para calmar la sed de justicia de la planicie.

La farsa quedó al descubierto con el pequeño sacudón y el movimiento propio del planeta. Llantos y lamentos se escuchaban por todas partes. Poco a poco iban sumando en número el resultado de los cadáveres. La cifra escribía para la historia de las futuras generaciones, 300 mil cuerpos inertes bajo lo que fue una metrópoli injusta. Algunos mas optimistas y conocedores del poder de la tierra han afirmado que el numero pasa de 1 millón de muertos en descomposición. Millones de casas quedaron convertidas en lodo y arena. Lo dijo el maestro en su época: “No quedará piedra sobre piedra.” Los heridos fueron trasladados a hospitales improvisados y sobre unos barcos que al parecer estaban a la deriva de la realidad incrustada. Huérfanos, viudas, viudos y desamparados aumentaron la pobreza que ya venia trabajando entre las injusticias.

El desprecio anterior de los unos sobre los otros quedó enterrado bajo el concreto demolido que fueron obras de diseñadores y profesionales. La discriminación y racismo alta inclusive dentro de los de la misma raza, fue enterrada debajo de murales, cristales, lozas y pavimento. La tierra se abrió y ningún ejército pudo controlar el movimiento que asustó a los fuertes. Nadie es dueño del planeta dijo el aire al pasar que velozmente derribó los muros de los intocables. Las equivocaciones de jueces y ambiciones de políticos, lideres religiosos y cívicos, hicieron que la justicia verdadera despertara para detener la población en aumento, que lesiona el peso en la tierra de los mezquinos. Los inteligentes deben parar la procreación de la humanidad inmediatamente dijo una de las garzas, usando la inteligencia y razón deteriorada por los otros sismos. Que ningún varón engendre mas hijos. Que ninguna mujer conciba hijos para el desorden injusto. Ninguna mujer debe seguir abortando porque se vendrán nuevos terremotos. La destrucción seguirá tres años mas de desgracias hasta cobrarnos cada error y equivocación. No hay un solo grupo religioso verdadero en este planeta de contradicciones y ruina humana. Todos son oportunistas y quieren vivir de donaciones como parásitos, sin hacer nada en beneficio de la igualdad y equilibrio que carcome la vanidad.

Allí quedo enterrado para siempre el orgullo de los comerciantes y capitalistas. Los ricos no tuvieron tiempo de sacar de sus garajes los vehículos y aeronaves. Los buques y barcos de los injustos fueron golpeados por el sismo que enfrió el corazón de la violencia de los hombres con olor a muerte, azufre y destrucción. En un espacio cerrado un grupo de fanáticos clamaban al falso dios para que les brindara riqueza y bienestar. Los primeros en desplomarse fueron los pisos altos que con fina rapidez poco a poco fue cayendo sobre los rezanderos. Los pesados bloques de concreto, hierro y cemento, sepultaron los cuerpos de aproximadamente 1.500 ciudadanos que creían seguir al verdadero. Los inmuebles quedaron a la intemperie como objetivos militares después de una guerra. Los cuerpos de soldados y militares fueron agrupados bajo un solo hueco al lado de los funcionarios de una organización que solo obedece a los equivocados. Todo se convirtió en confusión. Aún así el hombre no aprende. Todos y todas sin excepción estamos simplemente de paso por el planeta de las contradicciones. Inventaron la monarquia, reyes y principes, para aparecer como intocables e invencibles. No somos mas que manojos de rosas marchitas insignifantes. Ni siquiera servimos a la tierra para un remedio.

El Mar siguió su rumbo y se conecto con el sur del hemisferio para avisar de una nueva catástrofe. Todos estaban en fiestas y diversiones mientras los pobres seguían en las calles solicitando alimento. Los obreros con miserias e irrisorias monedas, seguían bajo el yugo de la injusticia de quienes se creen poderosos. Los humanos terrícolas mortales con sus familias se sentían muy seguros porque vivían en una mejor zona residencial o dentro de un edificio alto de concreto comprado bajo la usura de los urbanizadores y constructores. Una voz dijo en el puerto: "Tengo sed, hambre, cansancio y prefiero una tumba a seguir en la desdicha entre hombres de corazón mezquino y miserable. El suicidio y aburrimiento de otros, también aumentó por el desorden que imponen los ricos con sus mentiras y pasiones desbordadas.

La tierra fue testigo una vez mas de festines, parrandas, festivales, carnavales y comelonas en todas las esquinas de poblados, caseríos y metrópolis. Las tabernas, hoteles, fincas, haciendas y clubes, estaban rebosantes de gente que llegaron de la zona rural a la urbe capitalina. Los turistas recreaban sus apetitos con bellos amantes y hermosas doncellas que bailaban como las del coro de los utencilios. Una de las ciudades importantes celebraba un festín artístico entre sus planes de cada lustro. El silencio llego con la madrugada caliente mientras los lujosos carros salían de sus parqueaderos a seguir la fiesta para despedir a quienes se turnan en el amor al empezar el día con alcohol y vomito desesperado. Nada se estaba respetando. Hasta los pantalones masculinos se habían caído sobre alfombras traídas de Europa. Ellos sabían que eran superiores a los otros. Estaban convencidos que sus abolengos era de mejor calidad que el de los vecinos que no tenían herencia aria o anglosajona. El día empezó con el orgullo acostumbrado. Todos creían que eran propietarios de los muros y bloques de sus casas. La prepotencia y arrogancia estaba fresca como mariposas de primavera sobre algodones de seda en la vida que nos queda.

Periodistas, camarógrafos, reporteros, fotógrafos y comunicadores, estaban sobre la calzada de la dicha cuando desde una profundidad salio un fuerte ruido con olor a azufre y aire húmedo. El suceso fue el Sábado 27 de Febrero, 2010, cuando un fuerte sismo de 8.8 de magnitud, sacudió el sur del país. El temblor ocurrió a 317 kilómetros al suroeste de la ciudad principal y a una profundidad de 59,4 kilómetros a las 3:34 a.m., hora local (0634 GMT). Es cierto fue muy de mañana mientras las aves y pajaros dormían. La tierra rugió como "león dormido" e hizo mover los esqueletos de edificios, palacios, casas, ranchos, cambuches, chozas, automóviles, vehículos, canoas, barcos y buques como hojas de olivo en desierto encantado. Los aborígenes criollos estaban lejos de la urbe que decretaba muerte a territorios de los verdaderos dueños del arado, ganado y tierra, que por ley había desplazado de su historia a los verdaderos pobladores del alargado pedazo de suelo.

Los turistas no alcanzaron a sentir le remezón de la tierra y junto a muelles y edificios, salieron disparados por el aire como sirena bomberil en los días de fiesta. Hubo llanto muy cerca a la playa de los bailarines. Las botellas de alcohol y los desechos de cigarros y vómitos, quedaron regados sobre las espesas aguas que dejó la mirada de las placas tectónicas del momento. Todos y todas pensaban que eran de los invencibles y de la nobleza. Sus caderas y huesos no pudieron detener la fuerza de la madre tierra. Los contadores desocupados, empezaron a contar los muertos mientras los políticos dijeron que había que esconder el numero de cadáveres porque afectaba el turismo y la entrada de divisas. Aun en la trajedia los necios siguen con mentiras y farsa. El hombre no aprende que es mejor la sencillez con humildad a la abaricia y robo de linajes postizos. Se creían blancos de las galaxias encantadas y afirmaban que eran de una raza indestructible. La tierra le dijo al nuevo gobernante que el poder no existe y que dejara de pensar como iluso. Todo es una ilusión como si fuera un sueño de muñeca irreal de loza. Las montanas de los vecinos estuvieron fuertes como las rocas primarias. Falsos e ilusos recorrieron el desastre a las primeras horas del día. Las cámaras de televisión como por encanto tuvieron que mostrar obligados, que dentro del territorio también negros, zambos, mulatos y criollos, hacían parte del mismo conglomerado social, que espera justicia de los indisciplinados desde siempre.

Los militares fueron los mas dormidos con el suceso. Algunos dijeron que querían actuar pero que una voz los detuvo en la emergencia. Hubo escalofrío en los cuerpos de los vencedores y se vieron obligados a recibir ayuda de quienes ellos consideraban inferiores. La tierra mostró al mundo la realidad de las contradicciones humanas. La pobreza de sus moradores por vez primera fue expuesta al mundo a través de los orgullosos periodistas que maquillaban la realidad para tratar de sembrar orgullo de patria que se desbarataba. La nación orgullosa estubo cuestionada por el viento, agua y lodo. La inteligencia no se vio en los gobernantes mientras los mas pobres se vieron obligados a tomar los alimentos de las bodegas que siguen estafando con sus precios y que por esas y esos, los pobres mueren de hambre en las esquinas y en las mismas plazas. El orgullo de nuevo quedo enterrado bajo las arenas movedizas de la historia. Debemos aprender que no hay superioridad en el hombre frente a la tierra. La mentira de los unos sobre los otros queda al descubierto al comprobar que somos iguales entre distintos pero que nadie es de mejor familia o raza. Todos y todas estamos de paso. Debemos practicar la solidaridad hasta encontrar la verdad que hará desparecer la desigualdad y por supuesto que nunca mas pobres. No deben haber pobres en el mundo ni almas tristes con hambre.

Espere nuevos terremotos y temblores. Si estamos vivos y con fuerza, seremos testigos, leeremos y conoceremos la rebelión de la tierra frente a la mezquindad del humano mortal terrícola que se pasea como pavo sabanero sin reparar que pisa polvo falso con veneno de la misma siembra. Van a continuar los terremotos por varios lugares del planeta. Varios estados, ciudades y pueblos se hundirán y desaparecerán en la molienda. Los volcanes, inundaciones, incendios y otros adelantos, estarán en la cosecha que avisa el paso de los gigantes vientos. Habrán nuevos muertos. Usted puede ser uno de ellos. Quien escribe puede estar en unas horas debajo de lo que fue una fiesta o sobre el lodo que deja la farsa de quienes se creían de casta inventada. Usted es mejor que entienda así sea a la fuerza, con cada movimiento que deja el terremoto hasta que llegue el gran final. Todo volverá al polvo de donde salimos en la partida del vacio y de la misma nada.

Ahora leamos el texto de Lucas 6: “17 Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, 18 que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. 19 Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. 20 Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. 21 Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. 22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. 23 Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. 24 Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. 25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis satisfechos!, porque tendréis hambre.¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. 26¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas. 27 Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, 28 bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. 29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. 30 A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. 31 Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. 32 Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. 33 Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! 34 Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. 35 Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos. 36 «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. 37 No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. 38 Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.”

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