5 oct. 2016

País de Trogloditas

Aquellos varones y mujeres que no tienen la capacidad de introducirse en la civilización del amor, son trogloditas, viven dentro de una caverna putrefacta de muerte, se asesinan unos con otros, varios comen la carne del difunto, venden sus órganos, beben su sangre aun contaminada de maldad y cáncer. Sus militares, policías, gobernantes, guerrilleros, paramilitares, políticos, clérigos y los llamados profesionales, son consecuencia de la oscuridad. Cuando ellas y ellos tienen una oportunidad de ver la luz, se asustan, regresan a su estado amorfo de mediocridad e ineptitud, bajo el estandarte de ilusiones y fantasías efímeras que los mantiene dentro del abismo de discordias, revanchismos y sandeces. Los trogloditas tienen tiempo para fiestas, comilonas y francachelas pero nunca para la paz. De cierta manera es una tierra maldita frente al progreso y gozan con hipocresía de falsa identidad con su risa.

¿Qué hacer para mostrar la luz?

No es fácil mostrar la luz a una sociedad en conflicto porque prima el fusil antes que la conciencia, los intereses particulares por encima de los colectivos, cada uno en forma independiente toma decisiones que barren las aspiraciones de las multitudes, de paso quienes se apoderaron de los privilegios, tienen una maquinaria armada de machos y hembras, que esos llaman ejércitos (legales e ilegales), en todos los bandos. Quien piense diferente es asesinado y matan la vida de los rectos para que gobiernen los necios. Los cuatro elementales (agua, fuego, aire y agua), ingresaran con fuerza a cada caverna individual y destruirá la vida de los trogloditas, derribaran sus propiedades y ambiciones, los títulos y diplomas que estaban colgados en sus muros nauseabundos serán convertidos en sopa mixta como abono para las nuevas montañas y aquellas esculturas que habían galardonado a falsos artistas, servirán de polvo para rellenar los vacíos de sus bajezas.  

La luz sólo beneficiara a un grupo de infantes menores de 10 años (niñas y niños), que logren nacer en los montes que están localizados sobre las cavernas de los trogloditas, que fueron producto del amor entre un troglodita que logró experimentar la igualdad con paz dentro de su mente y una troglodita que acepto un pequeño rayo de luz sobre su corazón, al unirse los dos traen a uno de los escogidos de la nueva sociedad libre y progresista que brillara después del desastre que se aproxima sin trogloditas. La historia sólo recordara que en ese pedazo de suelo hubo un país que algunos se atrevieron a llamar nación pero que no quedo registro de su aberraciones porque nunca conocieron la luz.

Los sabios no volverán a engendrar

Las mujeres y varones sabios no volverán a concebir ni a engendrar allí más trogloditas. Este grupo saldrá de la jurisdicción antes de la destrucción y jamás regresaran porque sus hijos e hijas nacerán en otras comarcas. El territorio será destruido, se convertirá en tierra de nadie, los dos océanos se unirán y formaran una extensa laguna mezclando aguas dulces con saladas y llenando de peces y vida la tierra que logro aceptar en tiempo lejano a los hijos de la descomposición y barbarie.

Las fosas comunes

Una vez el territorio empiece a llenarse de agua, los cadáveres de los justos que habían sido masacrados por los gobernantes, saldrán de las fosas comunes y aparecerán flotando como barcos sobre las aguas hasta anclar en una isla jungla y allí nacerán de nuevo los hijos de la luz. Que nadie pierda tiempo con proyectos nauseabundos en tierra de trogloditas porque ninguna semilla germinara sobre suelo apestoso de miseria. 

Ya es muy tarde y los elementales están reunidos para tomar la última decisión para destruirlos. Aquellos que se creían superiores a la creación no tendrán tiempo para volver a pensar en sus maldades y la misma luz que no quisieron aceptar los destruirá. Al fin al cabo la luz que creó sus vidas será la misma que destruirá sus caprichos por no obedecer a la recta conciencia y menos saborear el sol  desde donde ella proviene. 

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