16 mar. 2009

DESORDEN COSMICO INDISCIPLINADO

Empecemos conociendo aquello que dice el libro de Génesis en su capitulo 1: “1 En el principio Creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba sin orden y Vacía. Había tinieblas sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se Movía sobre la faz de las aguas. 3 Entonces dijo Dios: "Sea la luz", y fue la luz. 4 Dios vio que la luz era buena, y Separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Dios Llamó a la luz Día, y a las tinieblas Llamó Noche... 14 Entonces dijo Dios: "Haya lumbreras en la Bóveda del cielo para distinguir el Día de la noche, para servir de señales, para las estaciones y para los Días y los años. 15 Así sirvan de lumbreras para que alumbren la tierra desde la Bóveda del cielo." Y fue Así. 16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para dominar en el Día, y la lumbrera menor para dominar en la noche. Hizo también las estrellas. 17 Dios las puso en la Bóveda del cielo para alumbrar sobre la tierra, 18 para dominar en el Día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que esto era bueno. 19 Y fue la tarde y fue la mañana del cuarto Día.” Así el Todopoderoso bendice nuestra luz y desde los primeros días, el Altísimo saca del abismo y de la oscura caverna la vida y le da más vida en abundancia. Cuando el hombre llegó a la tierra ya el Omnipresente había separado la luz de las tinieblas. Contrariamente a la voluntad de Dios, los mortales terrícolas humanos hemos usado en forma irracional la inteligencia que el dueño del orbe nos dio. La lista de hechos macabros en contra de la vida y de la continuidad existencial del planeta es incontable. Es positivo saber ¿Cuándo? se disparó con mayor peligro la continuidad de nuestra existencia y permanencia dentro este sistema creado. Desde que el Altísimo nos entregó la tierra como lugar para vivir, desarrollarnos y evolucionar, los errores y equivocaciones del humano mortal han deteriorado el planeta y cosmo. La Segunda Guerra Mundial tal vez fue una de las peores masacres materializadas sobre el ser humano, planeta, galaxia, y universo. Aunque el sanguinario alemán Hitler y sus cómplices tienen responsabilidad en la hecatombe, hay otros protagonistas desalmados que participaron sin pensar en el futuro Inter Galáctico ni en la defensa de la vida que Dios entregó en forma gratuita con amor y misericordia.

Recordemos algunos datos que guarda la memoria histórica de los libros y que los mismos aceleraron el proceso final destructivo de nuestra galaxia. “En noviembre de 1944 comenzaron los bombardeos sobre Japón. Durante varios meses, la 20ª Air Force compuesta por 500 bombarderos B-190., descargó más de 4.000 toneladas de bombas sobre Japón. A finales de febrero de 1945 las defensas aéreas japonesas habían sido prácticamente anuladas y los principales objetivos de interés militar, alcanzados. El 10 de marzo de 1945 Tokio, la capital de Japón, fue bombardeada. Japón por su parte bombardeo propiedades de Estados Unidos, a otras naciones y masacró la vida de muchos varones y mujeres en varios puntos de la tierra. El sanguinario ejército japonés era un grupo armado delincuencial tenebroso sin alma ni ley. El emperador japonés fue tan terco que aún su ponzoñosa voz atrofia la galaxia y paraliza la vida del universo. Los ángeles de Dios no pudieron detener la guerra y Satanás gozó de éxtasis por la infame maniobra. Durante la Segunda Guerra Mundial, Hiroshima era una ciudad de importancia militar considerable. Estaba en la lista estadounidense de blancos atómicos: Kioto, Nigata, Kokura, Nagasaki e Hiroshima. El 26 de julio de 1945, el presidente de Washington Harry Truman, lanzó una proclama al pueblo japonés, conocida luego como la Declaración de Potsdam, pidiendo la rendición incondicional del Japón sopena de sufrir una devastadora destrucción aunque sin hacer referencia al lanzamiento de las bombas atómicas.

Según lo dicho, “Japón sería desposeído de sus conquistas y su soberanía quedaría reducida a las islas niponas. Además los ‘dirigentes militares’ del Japón serían procesados y condenados restableciéndose la libertad de expresión, de cultos y de pensamientos según los aliados de la II Guerra Mundial.” El Japón quedaría sujeto a pagar indemnizaciones, sus ejércitos “serían desmantelados y el país tendría que soportar la ocupación aliada.” El 29 de julio el premier japonés Suzuki rechazó la propuesta de Truman. El 3 de agosto, Truman dio la orden de arrojar las bombas atómicas en Hiroshima, Kokura, Niigata y/o Nagasaki. El 6 de agosto despegaron rumbo a Hiroshima la primera formación de bombarderos B-29. Uno de ellos, el Enola Gay, piloteado por el coronel Paúl Tibbets, llevaba la bomba atómica; otros dos aviones lo acompañaban en calidad de observadores. Súbitamente apareció sobre el cielo de Hiroshima el resplandor de una luz blanquecina rosada, acompañado de una trepidación monstruosa que fue seguida inmediatamente por un viento abrasador que barría cuanto hallaba a su paso. Las personas quedaban calcinadas por una ola de calor espeluznante. Muchísimas personas murieron en el acto, otras yacieron retorciéndose en el suelo y clamando ayuda en su agonía por el intolerable dolor de sus quemaduras. Los huesos de los vivos lentamente se derretían como aceite. Pasados los minutos grupos de gente en caravana quemada totalmente pero con vida y con jirones de piel colgando, mutilados por los escombros, algunos chamuscados parcialmente sólo por el lado expuesto a la explosión, caminaban sedientos y se tiraban al río. Muchos se ahogaron en masa. Los incendios se sucedían uno tras otro. Los cadáveres de los muertos flotaban como naipes de baratija sobre las aguas del río y todos creían que estaban metidos en un sueño infernal. Las mentes humanas perdieron su lucidez. Se escuchaban voces con aullidos aterradores a kilómetros de distancia. Los animales que quedaron en pie se arrastraban como culebras heridas. Los cuerpos de las aves se asemejaron a esqueletos de ratas.

Media hora más tarde sucedió un efecto extraño que caía del firmamento: “Empezó a sentirse sobre los cuerpos vivientes sin casa ni techo, una lluvia aceitosa gelatinosa de color negrusco brilloso.” Esa masa traía el carboncillo condensado de todo material orgánico incendiado (entre ellos los miles de cuerpos humanos), y de la mezcla de los elementos radiactivos de la bola de humo que se había levantado. Ese fenómeno de origen hasta entonces misterioso y desconocido, causó más víctimas días después por anemia, espasmos y convulsiones. El caos, el desconcierto y la ruina fueron totales. El paisaje calcinado adquirió un tono gris uniforme, como si el color se hubiera extinguido para siempre. Los rayos del sol no pudieron ingresar al paisaje. El pasto verdoso se volvió rojo grisáceo y la clorofila se desintegró en el aire. El 92% de las edificaciones sólidas de Hiroshima fue arrasado. Estados Unidos convirtió a la tierra del Japón en un infierno ambulante. Hasta el mar y sus aguas lloraron de asombro por el horrendo e inhumano episodio.

La gran ciudad aún ardiendo, y cubierta por espesas nubes de humo, sopa atómica y ceniza, quedó como una cicatriz anaranjada palo de rosa sobre la tierra creada. Desde la luna se hubiera podido percibir el olor quemado a carne humana, animal, mineral y vegetal que se habían incinerado. En esa época los mortales terrícolas humanos no sabían que después de una explosión nuclear nadie debía acercarse a la zona. La radiación continúo durante varios días y/o meses, generando cánceres de distintos tipos y debilidad mental. Los miles de médicos, soldados y enfermeros voluntarios que llegaron a Hiroshima, murieron todos de cáncer en los siguientes años. La galaxia entera lloró a sus muertos y el universo perdió la voz y permaneció en silencio absoluto. A la medianoche las primeras noticias de la causa del desastre llegaron a Tokio directamente por voceros de la “Casa Blanca.”

Mientras el ejército japonés trataba de ocultar avergonzado el bombardeo a sus ciudadanos y al mundo, el presidente Truman se dirigió a la población mundial a través de la televisión y habló de esta manera: "Hace poco tiempo un avión americano ‘de Estados Unidos’ ha lanzado una bomba sobre Hiroshima inutilizándola para el enemigo. Los japoneses comenzaron la guerra por el aire en Pearl Harbor, han sido correspondidos sobradamente. Pero este no es el final, con esta bomba hemos añadido una dimensión nueva y revolucionaria a la destrucción. Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de fuego que sembrará más ruinas que todas las hasta ahora vistas sobre la tierra." El 9 de agosto, el espectáculo de la aniquilación nuclear se repitió en Nagasaki, situada en una de las islas menores de Japón llamada Kyushu. El bombardero B-29, "Bock’s Car", lanzó sobre esa ciudad industrial a fat boy, una bomba de plutonio, con la capacidad de liberar el doble de energía que la bomba de Urano. Los efectos fueron menos devastadores por la topografía del terreno pero 73.000 personas perdieron la vida y 60.000 resultaron heridas. El ministro de guerra japonés Korechika Anami comunicó inmediatamente que el Japón seguiría peleando hasta perder a su último hombre. Por esas horas dramáticas, los oficiales del Ejército y la Armada se enfrentaban al pesimismo del emperador Hirohito que se mostraba dispuesto a firmar la rendición incondicional. Un intento de golpe de estado interno japonés aumentó el derramamiento de sangre humana y causó la muerte de miles de soldados leales al emperador y de algunos cientos de oficiales rebeldes.

El 15 de agosto, casi una semana después de Nagasaki, el pueblo japonés escuchaba por primera vez la voz de su emperador que había tenido que descender de su estúpida condición divina para convencer a su pueblo de que debía rendirse. Sin pronunciar la palabra "rendición" por orgullo, dijo: ‘La guerra ha terminado.’ Los japoneses se entregaron incondicionalmente ante las fuerzas aliadas. Con ello, la Segunda Guerra Mundial, que empezó en 1939, se dio por concluida. Las bombas nucleares devastaron Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo los efectos del bombardeo sobre cada ciudad no fueron iguales. La situación geográfica de cada lugar influyó sobre el grado de destrucción. En Hiroshima, emplazada sobre un valle, las olas de fuego y radiación se expandieron más rápidamente y a mayor distancia que en Nagasaki, cuya orografía montañosa contuvo la expansión de la destrucción. En esta zona no permaneció en pie ni una sola edificación. Se quemaron además las estructuras de acero de los edificios de concreto. Las ondas expansivas de la explosión hicieron estallar vidrios de ventanales situados incluso a 8 kilómetros del lugar de la explosión. Los árboles fueron arrancados desde su raíz y quemados por el calor.

En algunas superficies, como los muros de algunos edificios, quedaron plasmadas las "sombras" de carbón de las personas que fueron desintegradas repentinamente por la explosión. Los cuerpos humanos convertidos en cenizas y sopa nuclear, parecían pinturas plásticas sobre los muros de las raídas y desintegradas edificaciones. El fuego se apoderó de las ciudades, especialmente de Hiroshima, donde se formó una "tormenta de fuego" con vientos de hasta 60 kilómetros por hora. Había incendios por todos lados. Miles de personas y animales murieron quemados, o bien sufrieron graves quemaduras e incluso heridas por los fragmentos de vidrio y otros materiales que salieron disparados por la explosión. Las tejas de barro de las casas se derritieron. La gran mayoría de las residencias de madera ardieron en llamas. El olor a muerto o cadáver incinerado llegó a 15 mil kilómetros cuadrados de distancia en la superficie de la tierra. Algunos historiadores afirman que las secuelas de la explosión alcanzaron en el aire las paredes y el interior de las naves de los militares que dispararon las bombas.

Los sistemas telefónicos y eléctricos quedaron arruinados. Se calcula que en Hiroshima desaparecieron cerca de 20 mil edificios y casas. En Nagasaki quedó destruida el 40% de la ciudad. Los sobrevivientes de la explosión parecían siluetas que deambulaban entre cenizas y humo. Sus movimientos y quejas los convirtió en fantasmas ciegos. Lo último que vieron fue el resplandor nuclear de la contradicción. La gran mayoría de los habitantes de Hiroshima y Nagasaki estuvieron expuestos a la lluvia radioactiva. Las consecuencias de esta exposición sobre sus cuerpos no fueron perceptibles de inmediato. Pasaron días, meses y hasta años antes de manifestarse los síntomas del daño. El efecto psicológico inmediato a la destrucción fue la parálisis. La población entró en una especie de inacción y pánico en sollozos. El silencio y el llanto desgarrador hicieron parte del quejido del planeta. Fue de cierta manera el comienzo de la autodestrucción de nuestro hermoso planeta, de su gente y de la mansión que fue creada para la vida. Los daños fueron inenarrables. La verdadera tragedia fue la pérdida de vidas humanas. Hiroshima, con una población de 350 mil habitantes, perdió instantáneamente a 70 mil y en los siguientes cinco años murieron 70 mil más a causa de la radiación. En Nagasaki, donde había 270 mil habitantes, murieron más de 70 mil antes de que terminara el año y miles más durante los siguientes años. Se pensó que en total murieron cerca de 250 mil personas.

Se calcula que cada ciudadano japonés muerto por el bombardeo atómico costó inicialmente a los Estados Unidos entre 5.000 a 8.000 dólares. Esta cifra aun sigue en duda y se discute la proporción. Al día siguiente en las principales ciudades estadounidenses festejaron por todo lo alto el lanzamiento de la primera bomba atómica sobre Hiroshima. Los medios de comunicación con sus endemoniados propietarios, hombres desalmados con su chuchentos periodistas de muerte exclamaban: “Damos gracias a Dios por haberle dado a América la bomba atómica, porque ¿quién sabe como la hubiera usado otra nación?” Las encuestas demostraron que más del 80% de los estadounidenses estaban de acuerdo con los lanzamientos de las bombas atómicas. Los efectos de la bomba atómica lesionaron las hormonas de toda la humanidad y enfermaron los cromosomas del hombre en toda la tierra. La historia de la humanidad y la del universo se partió en dos. El velo radiante del amor y de la misma vida quedó chamuscado como carbón mineral extraído de la oscura caverna.

Conozcamos lo que dijo Jesucristo por boca de Mateo 24: “3 Estando él sentado en el monte de los Olivos, sus Discípulos se acercaron a él aparte, y le dijeron: --Dinos, ¿Cuándo Sucederán estas cosas? ¿Y qué señal Habrá de tu venida y del fin del mundo? 4 Respondió Jesús y les dijo: --Mirad que nadie os engañe; 5 porque muchos Vendrán en mi nombre diciendo: "Yo soy el Cristo", y Engañarán a muchos. 6 Oiréis de guerras y de rumores de guerras. Mirad que no os turbéis, porque es necesario que esto acontezca; pero Todavía no es el fin. 7 Porque se Levantará Nación contra Nación y reino contra reino. Habrá hambre y terremotos por todas partes. 8 Pues todas estas cosas son principio de dolores. 9 Entonces os Entregarán a Tribulación y os Matarán, y seréis aborrecidos por todas las naciones por causa de mi nombre. 10 Entonces muchos Tropezarán; y se Traicionarán unos a otros, y se Aborrecerán unos a otros. 11 Muchos falsos profetas se Levantarán y Engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, se Enfriará el amor de muchos. 13 Pero el que persevere hasta el fin Será salvo. 14 Y este evangelio del reino Será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las razas, y luego Vendrá el fin. 15 Por tanto, cuando Veáis establecida en el lugar santo la Abominación desoladora, de la cual Habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),…”

¿Que pasó dentro y fuera del globo terráqueo? Nuestro universo fue creado en red y en cadena. El está conectado milimétricamente como puntos que dependen los unos de los otros. Cada movimiento dentro de la tierra afecta todo el globo y aquello que está fuera de este. El eco de una catástrofe o de una sonrisa, se expande rápidamente y llega a todo el universo creado. Cada puntito en la galaxia hace parte del todo universal. La primera explosión macabra seguida de una segunda infernal obligó al planeta Tierra a salirse de su orbita. Las dos explosiones juntas crearon un campo magnético frontal entre la gravedad de la tierra y la gravedad de la Luna. Ambos seres planetarios repelieron por instante la hermandad y no pudieron contener el desequilibrio. Las dos aliadas inseparables millones de años, se salieron de su cause normal y cotidiano. La tierra no pudo vomitar al exterior cada toxina y la devolvió al suelo terráqueo convertido en energía radioactiva fría.

Si cada acto excelso lo convertimos en amor y risa armoniosa equilibrada, no habrá catástrofes obligadas. “El hombre es victima de su propio invento.” Entre mas delictiva sea la acción de los seres humanos mayor será la respuesta de los astros en contra de la vida. Cada punto dentro del universo fue creado en respeto, dignidad y libertad. El estallido de la primera bomba atómica congestionó la ley de gravedad terrenal. La tierra por unos minutos perdió su fuerza gravitacional. Las otras fuerzas y leyes naturales se enfrentaron unas con otras creando un caos Inter-dimensional. La tierra se movió saliéndose de su orbita menos de una millonésima parte de un milímetro. La ley de gravedad de la luna hizo lo mismo y se salio también de su propia orbita. Los dos cuerpos tanto el planeta Tierra como el satélite Luna, fueron impulsados por las dos bombas hacia el Sol. Aunque el tiempo realmente no existe como lo concibe la mente humana, desde entonces sentimos que este pasa más veloz y rápido sobre nuestras vidas. Antes del cruel episodio la vejez no se sentía llegar y nadie se avergonzaba de sus arrugas.

La atmósfera de la tierra perdió fuerza y rompió en estallido. Nuestra nave lloró de angustia. La radiación mezclada con polvo y cenizas fue transportada por el aire a miles de kilómetros de distancias del lugar de muerte. Hasta las playas de América llegó la mancha de miedo y muerte. La capa de ozono se debilitó y el aire del planeta quedo contaminado y tomó escapatoria para todos los lados. La radiación aún después de todos esos años, recorre nuestras aguas. También el fenómeno aceleró el proceso de destrucción de nuestra galaxia. Es por eso que hasta los relojes que usamos ahora se descontrolan. La orbita que da la Tierra alrededor del Sol ya no es la misma. De por si en forma natural la Luna poco a poco se aleja de la tierra. Por la crueldad de las explosiones aumentó y anticipó el riesgo de muerte de nuestra galaxia con su Sol y cada uno de sus planetas dentro.

El movimiento de los Planetas de esta galaxia en donde habitamos se mueve y corre hacia el Sol. La Galaxia tiene un viaje en sentido contrario al Sol. Ella va camino a coalicionar con la Galaxia Andrómeda. En si este es un fenómeno natural que iba a suceder pero a su tiempo. En unos miles de años Andrómeda se tragará a esta galaxia en donde ahora estamos residenciados. Afuera de la tierra ahora hay más violencia después del hecho. Tanto las explosiones de las bombas atómicas como cada una de las explosiones que producen las otras bombas que se lanzan sobre el firmamento de cada nación y las balas de los fusiles y armas de fuego disparadas debajo de la atmósfera, han generado descontrol rítmico gravitacional. La tragedia y brutalidad del lanzamiento de las bombas y de cada bala o bomba que se siga disparando, hizo y hace posible que el proceso de envejecimiento haya aumentado acortando los años de vida en cada ser viviente. Hoy podemos afirmar sin equivocaciones que hemos acortado la vida de todo el sistema planetario. Nuestras arrugas galácticas no alcanzarán a verse como Dios las había previsto en el tiempo programado.

Por el mismo suceso la tierra también dejó de ser compacta y las placas teutónicas se movieron. Las fallas geológicas ahora están más expuestas a temblores, terremotos, maremotos y tsunamis. Los últimos incendios en California, Australia y en otros lugares del mundo, son producto de esa barbarie y es la respuesta de la ley natural en su propia defensa. No nos equivoquemos al pensar que aquello que hacemos mal no se nos devuelve. Los huracanes, tempestades, inundaciones, sequías, plagas, epidemias y los desbordamientos de las aguas en los últimos años, son producto de las macabras bombas del 45. Toda acción negativa que realicemos se nos devuelve. Lamentablemente como no tenemos otra casa para vivir, “pagan justos por pecadores.” Si nos encanta destruir al otro esa misma energía se nos viene encima y acaba con todos nosotros. Es como “quien escupe hacia arriba y se queda quieto debajo de la saliva”. No hay escapatoria y su propia saliva lo baña.

Leamos con atención y analicemos sin afanes lo que dice el libro de Apocalipsis Capitulo 1: “4 Juan, a las siete iglesias que Están en Asia: Gracia a vosotros y paz de parte del que es y que era y que ha de venir, y de parte de los siete Espíritus que Están delante de su trono, 5 y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos Libró de nuestros pecados con su sangre, 6 y nos Constituyó en un reino, sacerdotes para Dios su Padre; a él sea la gloria y el dominio para siempre Jamás. Amén. 7 He Aquí que viene con las nubes, y todo ojo le Verá: aun los que le traspasaron. Todas las tribus de la tierra Harán Lamentación por él. ¡Sí, amén! 8 "Yo soy el Alfa y la Omega", dice el Señor Dios, "el que es, y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." 9 Yo Juan, vuestro hermano y Copartícipe en la Tribulación y en el reino y en la perseverancia en Jesús, estaba en la isla llamada Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. 10 Yo estaba en el Espíritu en el Día del Señor y Oí Detrás de Mí una gran voz como de trompeta, 11 que Decía: "Escribe en un libro lo que ves, y Envíalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea." 12 Di vuelta para ver la voz que hablaba conmigo. Y habiéndome vuelto, vi siete candeleros de oro, 13 y en medio de los candeleros vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una vestidura que le llegaba hasta los pies y Tenía el pecho ceñido con un cinto de oro. 14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve, y sus ojos eran como llama de fuego. 15 Sus pies eran semejantes al bronce bruñido, ardiente como en un horno. Su voz era como el estruendo de muchas aguas. 16 Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca Salía una espada aguda de dos filos. Su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. 17 Cuando le vi, Caí como muerto a sus pies. Y puso sobre Mí su mano derecha y me dijo: "No temas. Yo soy el primero y el último, 18 el que vive. Estuve muerto, y he Aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. 19 Así que, escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas. 20 En cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candeleros de oro: Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias.”

Sin fanatismos, doctrina, religión o imposición temerosa de fe o creencia, tenemos algunas salidas realizables para conservar la vida antes de la destrucción final. Esas las expondré en la próxima carta pastoral con la ayuda de Dios. La vida del humano, animal y vegetal, ya no se podrán quedar en este planeta de acuerdo al tiempo estipulado por el creador. Deberemos buscar otro que está en otra galaxia cercana. Aunque por la distancia parece lejos e imposible de alcanzar para Dios no hay imposibles. Quienes estén vivos lo lograrán. La esperanza estará a la vista para quienes estén vivos en ese futuro. Hoy debemos decir basta de errores y un no rotundo a la guerra. Todos al unísono debemos destruir y desintegrar el total de las armas, desmontando los arsenales nucleares y atómicos. La misma energía que se ha usado para masacrar la tierra y asesinar la vida, la podemos utilizar positivamente para mover a los hijos e hijas de Dios a la otra galaxia que nos espera con amor. Si la ciencia es en beneficio de la vida y de la misma conservación de las especies, bienvenida sea y Dios la bendice.

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