22 sept. 2013

El cobro de la Justicia (Profecía final)

Los oscuros hombrecitos brutáceos habían permitido la contaminación del planeta con sus inventos científicos, armas, vehículos y ejércitos. La perversidad de la humanidad no tenía regreso para volver a ser paraíso como se había creado. La tierra parecía estar muriendo con lágrimas de sangre y llanto con saltos por arbitrariedades de gobernantes y ambiciones de humanos terrícolas mortales. Las sandeces de los varones y mujeres ignorantes continuaban sin reparar los sucesos que se movían debajo de la corteza terrícola y sobre el aire contaminado de pueblos y ciudades. La maldad del hombre desalmado hizo que los vientos y aguas se rebelaran contra todo lo establecido en orden. Por fin temblores y terremotos se empezaron a sentir en los cuatro cuadrantes del ex azulado globo. Poco a poco disciplinadamente cada volcán se activó como novia en celo y danzaban juntos con cenizas y ruidos extraños sobre la atmósfera. Los dos más tenebrosos estaban escondidos en el subsuelo. Uno debajo del mar y el otro en el extenso parque ubicado dentro de la región del norte de America. Recuerdo que había incendios por todos lados y una nube gris oscura recorría el firmamento con un aire pesado y olor a carne podrida.

La criatura creada con inteligencia se había convertido en monstruo con desmanes y pestilencias. Los medios de comunicación aliados y cómplices de la destrucción, seguían informando las mentiras mientras la tierra se agitaba en silencio con dolores de parto y bullicio. Los grupos armados de los países “desarrollados”, habían lanzado durante mucho tiempo, bombas, torpedos y misiles, sobre la superficie de las construcciones y bosques de la nave viajera. Los hijos elementales del planeta prepararon su venganza con cautela para desquitarse de los necios que estaban regados como arroz de novia en cada plano y que estaban multiplicados aun entre pobrezas y miserias. Mi cuerpo quedó tendido en estado cataléptico debajo del césped verde en la zona montañosa al sur de África, bajo el cuidado de 7 pequeños seres asexuados que lograron bajar de las estrellas tres días antes de la hecatombe. Mi espíritu se elevó por el aire viajando al futuro por encima de las leyes conocidas por los mortales de la ciencia engañosa. Los estados de Alaska, España, Portugal, California y Florida, se sumergieron debajo del mar después de un pequeño tsunami originado desde Japón y Republica Dominicana.

Se sumó a la catástrofe las olas radioactivas llegadas desde el mar del Japón, que aporrearon a la población dejando muerte y holocausto de sur a norte y de oriente a occidente. Francia, Inglaterra y Estados Unidos, quedaron convertidos en desiertos con incendios y vientos que superaban los 300 kilómetros por hora. Sus crímenes de guerra, su pólvora, ojivas nucleares y artefactos mortíferos, ya no se volverían a cobrar porque en ese instante les llegó el final que esperaba la justicia sin jueces. Todo allí estaba en ebullición y evaporación como si calderas ardientes se prepararan para una fiesta de locos y soñadores. Los falsos gobernantes y quienes habían manipulado la paloma de la paz no eran ni siquiera recuerdo en el polvo y en la evaporación que se veía. Aun se observaba la fumarola del volcán estadounidense del otrora gran parque que se desquitaba de los abusos. Este lanzaba cenizas y lava incandescente como cuando los ríos se desbordan desde sus montes y praderas. Las mismas alcanzaron a las ciudades de Montreal en Canadá y Distrito Federal en México. Sus pobladores trataban de esquivar el cambio drástico de la temperatura y reunieron a los más reconocidos geólogos, astrónomos y científicos, en busca de soluciones a la crisis. No tenían respuestas ni proyectos para enfrentar el cambio generado por la rebelión de los cuatro elementales aliados de la verdadera justicia con inteligencia. El arsenal nuclear israelí se convirtió en sopa radiactiva dejando al pedazo de tierra invadida encima de ella de un barro espeso y solo se alcanzaban a observar las puntas de las pirámides de Egipto y las nuevas masas de roca que sobresalieron de los mares como si fuera un nuevo continente que aterrizaba sobre arena movediza.

Los varones de la ciencia lloraban como amantes abandonadas y se convencieron que no alcanzaron a saber nada por el vacío que deja la ineptitud de los necios e ignorantes sin conciencia. Los volcanes de Islandia intentaban regresar a la calma después de haber ayudado al cobro de cuentas, lanzando fuego, ceniza y lava, sobre cuerpos y vehículos de los psicópatas y asesinos. El fuego y el aire les habían cobrado cada insuceso que los 20 países poderosos habían cometido con sus antepasados, con otras razas y pueblos en varios puntos del globo. Sus aviones, vehículos, ejércitos, carros y naves de muerte, estaban convertidos en hierros retorcidos como si una montaña de estiércol se hubiera posado por encima de lagos y mares que se usaron antes del final como vías de comunicación para amedrentar a inocentes y verdaderos sabios. Puerto Rico ya no estaba dentro del mapa del Mar Caribe. Las islas que hacían de otras naciones estaban sumergidas 7 metros bajo las aguas y sin gente.

México aun respiraba con poca hierba verde y algunos charcos de agua dulce que se veían en la zona central junto a pequeños árboles, arbustos y pencas. Los pocos habitantes que quedaron de pie como nopales y enredaderas, caminaban como zombis para luego refugiarse en un país que antes hizo parte de Centro America. Entre México y Costa Rica, el lazo terrestre había desaparecido y sus paisajes estaban debajo del agua de color verde plateado y naranja. En el pasado los mismos mexicanos habían masacrado a los inmigrantes cuando estos pasaban por el territorio de muerte en busca de un norte equivocado y de nueva vida. Ahora las victimas se convirtieron en auxiliadores de sus verdugos criminales. Sus corridos prohibidos y mentiras religiosas, no volverían a molestar la paz ni de los cementerios que esos habían perturbado con alimentos que debían de haber digerido los vivos. Los países pequeños centro americanos estaban allí unidos en la pequeña Panamá que había quedado de pie como reina en carnaval. Esos también pagaron sus crímenes y egoísmos. Ahora como una sola nación hermana la bella estaba firme pero sin el canal que se había construido años atrás por los facinerosos. Los terremotos últimos habían desgajado sus costas y muchas edificaciones estaban sobre el piso como ladrillos y tejas en proceso de descomposición.

Los movimientos de la tierra y la muerte de sus ciudadanos hicieron unir de nuevo a esas naciones que no tuvieron consideración por sus vecinos, aunque pequeñas como canoas, llegaron a sentirse poderosas y únicas viviendo de la nada. Antes ni la risa de los infantes los había hecho encontrar ni siquiera en los funerales de sus parientes. Se odiaban antes de la devastación y ahora todo empezaba de nuevo en la muerte. Bastó la gran tragedia para que se trataran como paisanos de la misma raza y causa. Se olvidaron de política y religión, y dieron paso a los latidos del corazón para socorrer aun a quienes ellos consideraban sus enemigos. La nueva Centro America reconoció que también por sus venas corría la sangre de la raza negra. Hasta los más arrogantes entendieron que no había otra oportunidad para destruir discriminaciones y racismo. En esos días si se miraron al espejo y vieron la imagen del indígena en sus rostros y la del negro esclavizado en el pasado dentro de sus venas. Panamá era la patria de esas y esos pocos que habían quedado con vida. Algo venenoso del español invasor quedó en sus siluetas pero era muy poco por el nuevo semblante de sencillez y miedo. Hasta los costarricenses dejaron el orgullo de sentirse la Suiza centroamericana y simplemente  aceptaron que eran de la misma raza aun con algo de mezcla lejana entre sus arterias que se habían debilitado por el cruce genético con los del sur y del norte.  

El falso dios y la idolatría de los mentirosos, los habían llevado a la desaparición programada en los tres días que duró el siniestro hecho que llegó en un momento en donde un grupo desnaturalizado tenía planes para mermar la población y destruir ciertas etnias que los más fuertes detestaban. El extenso desierto empezó en Yucatán (México), y terminó en Ontario (Canadá). El silencio era aterrador como para interpretar melodías con arpas de hadas que se debían imitar usando el canto de los pocos turpiales vivos que aun quedaban. La parte de norte de America, era muy parecida a una chimenea súper gigante lanzando humo negruzco sobre el nauseabundo paisaje de los injustos y arrogantes del triste ayer. Las cenizas estaban en cada costa y sobre los trozos de techo de las casas destartaladas por la fuerza del cataclismo. Aquello que un día fue sitio ideal para la promiscuidad y lujuria, dejo de ser porque allí también se habían cometido crímenes e injusticias. Los machos no pudieron enfrentarse a la fuerza de la naturaleza ni al misterio. Todo había pasado por el colador de la verdad. Por fin el mundo logró contemplar la paz aunque con fuego, látigo, azufre y garrote. No hubo homofobias ni heterofobias sobre las palabras escasas que pronunciaban los asustados citadinos y campesinos que de pie quedaron. Ahora era lo mismo haber vivido en cementos putrefactos de gigantes urbes o en ranchos de lata y cartón, construidos sobre los bordos de las incivilizadas carreteras y caminos de pobreza.

Mi silueta estaba volando por al aire tan rápido como los misiles que habían destruido parte del globo terráqueo por la maldad de los gobernantes de la oscura caverna infernal que no habían querido escuchar a los profetas y sabios. El mar estaba zigzagueado con los escombros dejados por barcos y buques que apestaban antes con olor a muerte y sangre coagulada en fermentación. Aun se veían cuerpos de oficiales y soldados putrefactos con sus cascos y botas sobre las aguas de ríos y mares. Los buitres comían pestilencia sin contradecir la norma creada por los cretinos de la ciencia. Los asesinos habían desaparecido del planeta de las contradicciones y suntuosidades. El grupo de la raza humana que masacró la vida ni siquiera era polvo sino que esas cenizas se confundían con la fuerza de otros desperdicios que transportaba el aire contaminado con perfume a cadáver en proceso hacia el vacio. Alemania, Suecia y Bélgica, estaban sumergidas debajo de las aguas marinas color bermejo y parecían tortas de pan quemado con salsa de cebolla y espinaca. Holanda e Irlanda, ya no protagonizaban más episodios de barbarie e injusticias. Estas se alcanzaban a ver debajo de la transparencia del hielo derretido como cenicientas de barrio sin zapatillas. Si esos masacraron por religión, no hubo uno solo ni siquiera para leer las anécdotas maquiavélicas de los apestosos. Aquellos hombres que habían herido la paz y el privilegio a todos sus antepasados, no se verían mas en el cosmos creado para la igualdad y bienestar de todas las criaturas que ellos mismos habían hecho desaparecer. La tierra no cobro pecados sino asesinatos, masacres y delitos de lesa humanidad y crímenes que hicieron llamar de guerra. La toga de los jueces estaba encima de los cuerpos moribundos y agonizantes de los juristas que dejaron impune cada muerte e injusticia sin resolver por el gusto de coleccionar botellas de vino y billetes verdes.

Por fin la justicia había llegado. Europa ya no sería más entre las ruinas de leyendas inventadas por usureros de riquezas e invasiones. En medio de la tragedia anunciada se notaba cierta paz sobre el cementerio que se había convertido en tierra de nadie antes iluminada. La luna seguía impávida con la mirada sobre cada una de las ruinas. Había cierta oscuridad sobre el manto del planeta y un gas con olor a muerte recorría cada lugar en forma de danza. El sol no logró traspasar la espesa nube negra que cubría la tierra como fango y pantano grisáceo. Había tristeza y angustia aun sobre las orquídeas que se habían apostado debajo de las alcantarillas con pedazos y remiendos de flores que se cuecen en los desiertos. Todo había perdido su color y olor. Hasta las rocas y claveles estaban regados como si fueran parte del lodo verdoso. En un momento la tierra se salió de su vía láctea y se sacudió como viñedo adolescente. Al parecer se podía medir los 100 metros movidos hacia la galaxia Andrómeda en su nuevo curso. La hermosa luna también cambio su curso corriéndose hacia el sol 1 kilometro. Los planetas y satélites naturales estaban ahora arrogantes sin control. Las hormigas humanas insignificantes por fin se dieron cuenta que no eran tan importantes. Fuera de la tierra todo era confusión. Una ola gaseosa de color carmesí estaba arropando el círculo de la tierra y se formó una aureola como si el cosmos hubiera preparado salsa de tomate con mostaza.

Los cadaveres de peces, aves, mamíferos y humanos, estaban incrustados como naipes sobre las pocas costas que divisaban mis ojos dimensionados sobre la superficie y atmosfera. Australia y Sur America debajo de Colombia y Venezuela, seguían de pie como roca fresca. África empezaba a reverdecer como si ríos, ciénagas y lagos se hubieran mudado hacia ese territorio. Vi como las aves que habían logrado sobrevivir a la hecatombe, inmigraban hacia esos parajes que aun permanecían con vida y luz como en temporada. Osos y animales salvajes nadaban con esfuerzo para conquistar las nuevas costas. Logre divisar tigres, leones, panteras, elefantes y leopardos, que caminaban intranquilos junto a lobos y perros que se habían escapado del secuestro de los zoológicos. La presencia de hermosas y pequeñas mariposas de diferentes colores, recreaba y decoraba algo el paisaje, haciéndolo menos tenebroso. Manadas de murciélagos, loros, mirlas y guacamayas, volaban en fila india sobre el espeso aire y estaban tan sincronizados que parecía una escenografía preparada como obra de teatro para los tramposos.

Rusia, Corea y China, estaban en un solo bloque sin humanos vivientes junto a Japón, Vietnam, Camboya y Laos. Los cuerpos de sus pobladores estaban aun con humo y ceniza. Esos parecían siluetas almidonadas como para cine y película fantasiosa de terror. Las estrellas de cine y los artistas, también hacían parte de la metáfora moribunda. La  mafia italiana junto al pedazo de bota, se habían desprendido inerte del viejo continente y vagaban mar adentro como cigüeña en busca de alimento. Los italianos no harían más presencia dentro del planeta y su soberbia estaba destruida con sus hijos. Esos no volverían a nacer porque sus espermas se habían chamuscado junto a óvulos de chicholinas y madonas. “Los europeos e ingleses jamás volverán al planeta”, me dijo uno de los seres que me acompañaban en el vuelo relámpago. La sangre de los inocentes masacrados por fin cobró justicia. Desde hoy estarán en paz en cada nicho no perfumado dentro del planeta que se les ubicó en la galaxia Andrómeda. Los espíritus masacrados por los estafadores asesinos por fin encontraron la paz en cada tumba. La isla de Chipre no se escapo de la escena macabra. A ella también se le cobro cada asesinato e injusticia junto a Grecia, España y Francia que humillo a los inmigrantes. Las pistas prestadas y los terrenos cedidos para asesinar a sus vecinos, ahora eran barro y fango sin propietario. El agua radioactiva cubría el 90% de su territorio. Se veían pedazos de latas sobresaliendo por encima de arboles sumergidos y siluetas de aviones que asustaban aun a las moscas y cucarachas. Gigantes ratones y ratas de color amarillento naranja, dejaban ver sus colmillos que devoraban cadáveres de necios y petulantes. Irán, Siria, Irak, Pakistán y Turquía, habían quedado fundidas en un solo trozo de roca como si una centrifuga los hubiera unido a la fuerza sin fronteras ni "constituciones", que los había hecho enfrentar como enemigos siendo de la misma genética. Ahora ni unos ni otros estaban allí ni siquiera como estatuas.

El espíritu real de quien gobierna, me dejó viajar sobre eso que fue una vez el firmamento  de Colombia y Venezuela. Sobre el aire contaminado que había dejado el episodio monstruoso de la barbarie. Los cadáveres de militares, policías, paramilitares, delincuentes y guerrilleros, hacían una pila nauseabunda como vástagos de gelatina de pobre sobre las carreteras de los canallas. Junto a esos estaban los cuerpos inertes de politiqueros, religiosos, banqueros, familias adineradas inescrupulosas y terratenientes. Vi siluetas mal olientes de quienes habían ilusionado con proyectos sociales estafadores a las multitudes que esperaron justicia y que no vieron un solo puente. Hormigas gigantes y grupos de cucarrones recorrían las vetustas avenidas con sus calles. El orgullo y el complejo de súper inteligentes, ya no estaba en los discursos del tiempo. Los muertos ya no bellos, las reinas sin ojos y la oligarquía completa, estaban esparcidos sobre latas retorcidas en los techos de las casuchas que aun seguían de pie como torero con remiendos de plaza. Los letreros con su publicidad de famosas universidades y colegios, aun se podían leer como para recordar la estafa. Había muros de concreto que desfilaban uno sobre el otro y que era el producto de los pedazos de puentes sobrantes que negaban que se hubieran construido con materiales de primera categoría. La mentira se podía observar sin contratiempos en la miseria.

Por vez primera pobres y ricos hacían parte de los moribundos. Los cuerpos de campesinos y obreros estaban en potreros de eso que una vez fue un antro club de orgullosos. Los frentes de las cantinas de los pobres estaban mezclados con restos de salones de otros intocables. Todo estaba destruido aun sus refinerías y letrinas. El petróleo marcaba otra nota macabra porque estaba entrelazado con la sangre de cuerpos moribundos y cadáveres de animales salvajes. La doctoritis estaba junto a los ignorantes con diplomas y pergaminos de ilusiones vanas. Vi un abecedario tejido con espumas de la contaminación que aleteaba como prostituta en cabaret y sobre mesa. Los cuerpos de políticos y de quienes engañaron al pueblo durante muchos años, estaban podridos junto a las aguas negras de la polución grisácea. Los mejores abogados y las más sobresalientes familias quedaron como chicharrón de pobre. Sus mañas y artimañas estaban al descubierto muy cerca al fruto de sus robos y estafas. También hacían fila inerte los esqueletos de mentirosos periodistas y directores de medios de comunicación con sus farsas.

Los cadáveres de familias mezquinas y miserables de ricos junto a otros que se habían apoderado de los privilegios, estaban allí a la vera del camino putrefactos. El ser de la izquierda me dijo: “Le aseguro que no volverán a nacer y nunca más regresaran al planeta ni siquiera como estiércol. Fueron perversos y como peste hicieron mucho daño”. Allí estaba majestuoso el “Amazonas”. Observe incendios distribuidos como fogatas de caminantes sobre varios arbustos en diferentes puntos. Sobre los potreros había animales y aves que se alimentaban como si nada hubiera pasado en la nave de los rufianes. La naturaleza por orden superior había cobrado cada injusticia. El viento llevada billetes verdes que los esparcía como hojas de otoño sobre las praderas descoloridas. Los minerales regresaban a la tierra después de haber pasado por el fuego de los volcanes. Los narcotraficantes con sus laboratorios estaban sumergidos en un espeso barro, sus siluetas inertes parecían carnavales de negros y blancos color plomo sobre humo de caucho.

Por fin llegamos sobre Chile y estaban vivos los Mapuches. Las ciudades conocidas estaban destruidas como arena y ceniza. Alcance a ver cadáveres de quienes habían asesinado la vida sobre vómitos con desperdicios contaminados. Ya no había vanidad ni repelencia. Esos que se sintieron de mejor familia ya no volverían a atropellar a los indefensos. Cada fábrica y procesadora, estaba desecha. Como un fideo alargado la franja de Chile se había partido en tres pedazos. El mar logró entrar a la fuerza hasta Bolivia y Paraguay sin permiso ni debates de los usurpadores. Por fin la justicia intangible e invisible cobró el robo de tierras y de mar, que habían usurpado a sus vecinos. Allí termino el conflicto aunque demasiado tarde porque los muertos ni siquiera disfrutan de la tumba. El océano había ingresado a Bolivia y Paraguay desde dos ángulos diferentes. No había quien firmara la paz. Sus raponeros e invasores estaban esparcidos debajo de los sobrantes de barcos y aviones. El tsunami llego y también empezó a mover chatarras y cuerpos inertes llevándolos más al sur. La muerte estaba en cada esquina como boxeador primíparo. Esos que se sentían de sangre real también probaron la fuerza de la naturaleza y fueron eliminados. No tuvieron tiempo para alianzas ni firma de tratados mentirosos. Hubo un estupor en el viento al mover los cuerpos putrefactos de militares y policías asesinos. Las armas ya no serian objeto de machismo y valentía. Todo era chatarra y baratija.

La muerte los había sorprendido en pleno derroche de sexo, alcohol, droga y comilona. El día parecía noche y el invierno verano. Había vómitos en las esquinas de esas que fueron tiendas y discotecas. Los borrachos y alcohólicos también hacían parte de los cadáveres que se movían porque estaban sobre una laguna de barro y brea que era movida por una corriente de agua negra y contaminada, que bajaba de uno de sus montes. Aun había uniformes de militares y policías regados sobre los escombros de edificios destruidos con sus botones. También se divisaban sotanas de obispos, sacerdotes y nuncios apostólicos, colocadas sobre otras mentiras que habían inventado para explotar a los rectos e ingenuos. La civilización que no llego a ser, estaba expuesta con eso que merecían antes de cada fiesta. No hubo nueva realidad como para refrescar los cantos de algunas golondrinas y murciélagos que revoloteaban el nauseabundo paisaje. La tranquilidad aparentemente estuvo allí. Las mentiras del premio nobel quedaron sometidas a la justicia de los vientos. La verdadera paloma de la paz salió del secuestro y voló por todo el planeta que estaba con muy pocos terrícolas vivientes sin ropa. Todo estaba desorganizado y se notaba quietud sin algarabía. “Todo pasa y nada es eterno”, dijo el ser que era nuestro orientador en la travesía y que volaba por encima de nosotros a tres metros por delante de todo el grupo.

Mi ser guía me avisó que estábamos encima de las “Pampas” de Argentina. La tragedia iluminaba hasta Las Malvinas. La parte sur estaba bañada por sopa radiactiva dejada por los buques y submarinos que habían aparcado antes del siniestro y que habían explotado en uno de los maremotos. Miles de niños y niñas jugaban animadamente en lo que fue Buenos Aires. Era un potrero gigante. Observé que había infantes de tres razas distintas que en forma hermanable se entretenían con seres de irreconocibles que los custodiaban.  Allí había agua potable y frutos de todas las especies. Los más alegres eran los pequeños de un cuarto grupo de raza indígena que corrían como potros jóvenes. La multitud estaba rodeada de animales salvajes y aves de diferentes colores. No había un solo adulto. Los guías de los infantes eran como adolescentes de esos que no envejecen. Pude apreciar que sus edades oscilaban entre 15 y 17 años de edad cada uno. Me di cuenta que entre los seres no humanos habían mujeres como guardianes. Bellas y bellos como si hubieran acabado de nacer. Sus mejillas y rostros eran semejantes a fina seda con dentadura blanca como la nieve y ojos color miel. Sus cabellos ensortijados y su piel de color canela dorada. Tenían una estatura superior a los 1.80 centímetros. Se los notaba la forma de la cintura y no tenían abultamiento genital como los humanos pero si la misma forma. Estaban muy sonrientes. Eran diferentes a los humanos terrícolas mortales infantes en sus movimientos y gestos. Logre ver que algunos se desplazaban por encima del suelo como si caminaran y volaran a la vez.

Sobre una pequeña montaña había 7 naves súper gigantes inter planetarias de color cristal transparente. Cada nave tenía tres patas de color plomo brillante. Las paredes externas eran como si se hubieran construido con vidrio de seguridad con forma trapezoide. A un extremo observé 77 navecillas pequeñas en forma de pirámide y trapecio. Estas eran de otra construcción semejante a plata y estaño sin brillo. Los niños y niñas los introducirían allí antes de la destrucción total del que un día fue el planeta tierra. Un aire gaseoso blanquecino estaba por encima del paisaje  escogido para los seleccionados. Tenía el lugar una barrera protectora que no les permitía sucumbir. Vi infantes de raza negra, hispana y china junto a la indígena. Las edades de los infantes vivos oscilaban entre 4 y 7 años de edad. Brasil estaba convertido en desierto al igual que Uruguay, Bolivia y Paraguay. Ecuador y Perú, estaban firmes con hermosos árboles, arbustos, plantas y pastos verdosos pero sin población. El mar se había tragado a su gente. Las tres Guayanas habían desaparecido del mapa. La tierra se preparaba para no ser más. La guerra ya no existiría porque sus guerreros asesinos eran una mazamorra radiactiva. No vi animales muertos ni cadáveres sobre el mar en las costas de Sur America.

Dos de los guías me tomaron de la mano y aumenté la velocidad en el recorrido. Creo que logre viajar a 300 kilómetros por hora. De pie estaba el “Medio Oriente”. Los pobladores antes de la explosión en Arabia Saudita, habían asesinado a los que se hacían llamar monarcas. Cada uno de los descendientes de la monarquía inventada fue aniquilado por las turbas en la revolución. Mujeres, infantes y ancianos descendientes con sangre de los monarcas, estaban convertidos en cadáveres y polvo sin vida. Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Kuwait, ya estaban en manos del pueblo raso y sus monarcas tuvieron la misma suerte semejante a los de Arabia Saudita. Los malditos gobernantes se habían hecho llamar reyes y príncipes, para no pagar impuestos y comer robando los privilegios. El final les llego y la fuerza poderosa  de los cuatro elementos, no tuvo piedad ni de sus cuerpos ni de sus almas. Todos estaban allí como hojas de sauce en proceso de abono orgánico. Regresarían al polvo de la justicia y sus espíritus estarían vagando eternamente sin compasión ni misericordia del iniciador de la vida. Sus asesinatos estaban escritos en el “Libro Planetario”. Sus oraciones y rezos eran solo costumbre para cometer injusticias y aparentar santidad. Al volar por encima de los escombros, pudimos contemplar con vida a muchos campesinos  y obreros que se resguardaban en cuevas de animales salvajes. Un hermoso rio de agua cristalina bajaba de una montaña y regaba la tierra por donde arribará quien hará con el barro la nueva tierra. 

Las plantas nucleares se habían convertido en polvo de arena, sopa de lodo y mazamorra de ceniza. El olor a azufre recorría toda la tierra e impregnaba los huesos de quienes aun estaban con vida. Cada crimen se había purgado. Sólo vivía desnuda una cuarta parte de la población mundial. Las tres cuartas partes de la raza humana estaban debajo del barro radioactivo sin vida. La raza humana la habían desintegrado los cuatro elementos que no dejan injusticia sin cobrar. Aquellos que se creían poderosos ya no volverían a molestar la naturaleza y la vida. Todo estaba convertido en basura y pestilencia. La tierra ya no sería más el refugio de quienes se creían invencibles y eternos. La nueva tierra necesitará de largo tiempo para volver a nacer.  

Los infantes escogidos fueron subiendo a las naves gigantes. Ellas y ellos recibían una bebida que les producía sueño al subir las iluminadas escalinatas. La nube protectora que los rodeaba no los dejaba ver lo que sucedía en la atmosfera y tierra. Cada menor y menora de edad recibía una manta blanca como si fuera confeccionada de lana de oveja virgen. Vi que los seres les entregaban mascaras color oro y se las colocaban en los rostros de los pequeños y pequeñas antes de subir las escaleras. Estaban muy felices y sabían que salían de viaje. Animales y semillas se estaban ubicando en las naves pequeñas junto a rollo de libros y documentos que se seleccionaron con anterioridad a la partida. Las plantas, árboles junto a flores de todos los colores y especies, eran llevadas a las naves sobre carros parecidos a robots humanoides. Tinajas grandes de aceite de oliva y vino de todos los continentes los subían a las naves gigantes. Divise tanques de agua fresca que ingresaban por debajo de las naves. Había alimentos enlatados, jugos, leche de vaca, cabra y burra. Los dulces y gelatinas se colocaban finamente en varios hangares que sobresalían de las naves. Como si la perfección fuera la comandante de la caravana viajera y principal guía sin equivocaciones. Los guardianes estaban distribuidos en tres grandes grupos y llevaba cada grupo un color diferente de traje entre amarillo, plata y dorado. La felicidad alcanzada por los guías se les notaba en su mirada y trabajo. No vi cansancio en ninguno de ellos ni en ellas. La tierra empezaba a oscurecerse. De un momento a otro se apagaron las luces artificiales que aun quedaban trabajando. La oscuridad fue total. La tierra quedo bajo la penumbra de una sombra negra aterradora y silenciosa. Todas las naves levantaron vuelo sin hacer ruido. Escuche que tomaban el camino inter galáctico hacia Andrómeda. Todas se alejaban del sol que le pertenecía a la anterior tierra.

En plena oscuridad tres de las plantas nucleares explotaron y se hundieron. Allí formaron pequeños agujeros negros que abrieron las puertas intergalácticas por donde iban los desperdicios del desorden. Los hoyos eran entre románticos y tenebrosos. Se empezaron a formar gigantes remolinos encantados con circunferencias concéntricas como tornados. Los sobrantes del planeta entraban al hoyo pero no regresaban. La tierra empezó a tener una cola como si fuera un cometa. Era parte de la limpieza para formar la nueva tierra con nuevos habitantes luego. La cola de la tierra se dirigía al sol y se alcanzaba a ver sobre la misma oscuridad su brillo. Logre ver que el sol devoraba la cola y la evaporación tomaba un color verde azuloso. Los seres que me acompañaban se iluminaron como si fueran linternas. Mis ojos veían como si en la tierra fuera de día en medio de la tenebrosa oscuridad. Gritos y llantos se escuchaban de quienes habían quedado con vida y un frio aterrador cayó del firmamento como nieve derretida. La cola de la tierra luchaba por apagar el fuego que ingresaba con los sobrantes. Fuera de la tierra había una iluminación artificial que luchaba contra el oscuro espacio y vacio.

Hubo un ruido enloquecedor como si varios trenes fueran arrastrados por una carretera pavimentada y sobre cemento y acero fundido. Llegaban sonidos extraños que se perdían y se confundían con el remolino continuo que seguía en armonía con la desesperación del planeta que se desintegraba. Volvía como caucho a juntarse para estirarse, encogerse y bramaba cada vez que lograba regresar al círculo de la anterior tierra. La luz del fuego de algunos volcanes encendidos que se veían a los lejos de vez en cuando iluminaba nuestros rostros. Algunas cosas y situaciones no entendí en el momento porque había mucha confusión en el aire. La tierra era una pelota de caucho desfigurada que luchaba contra las fuerzas que estaban sobre ella. Gente viva iba derechito a los agujeros negros y entraban a esos como cadáveres. El aire iba acompañado de arena y lodo. La tierra quería ser la misma pero una fuerza superior se lo impedía. Afuera había locura entre los planetas, satélites artificiales y naturales.

Los cadáveres de los difuntos se movían en el aire en serie como huracanes y se dirigían hacia el centro de los agujeros negros. La pestilencia iba en fila india por el aire movido por vientos que llevaban una velocidad de 250 y 500 kilómetros por hora. Con movimiento propio: libros, electrodomésticos y chatarra, giraban rumbo a los agujeros negros. Había pequeños remolinos en el aire de la atmosfera como tormentas amarillentas que movía todo a su paso. Los cuerpos inertes de aves, peces y animales, también tomaban la ruta de los agujeros negros. Afuera de la atmosfera de la tierra, había fiesta como una danza entre los aparatos metálicos que el hombre había instalado para la comunicación. Los satélites externos cayeron a la tierra. Se escucho como si millones de caballos galoparan con mismo ritmo al unísono. Los golpes de la caída hicieron música como orquesta de borrachos. Uno a uno de los satélites artificiales se movió como baile una vez en tierra. Luego también se dirigían hacia los agujeros negros. Era una danza maravillosa que retumbaba la tierra esta vez más sonora y con melodía de arrendajos. Mi ser no sentía miedo aunque una angustia impregnaba mi existencia. Otras plantas nucleares seguían explotando a la distancia y el olor a azufre y amoniaco aumentaba en el aire. Todo olía a azufre y yodo. Un aroma a caucho quemado llegaba del lado norte. La oscuridad cubría la faz de la tierra con ruidos que seguían llegando de todos los cuadrantes. Sobre el oriente salieron luces como juegos pirotécnicos que alumbro el planeta. Varias horas seguían apareciendo en cada lado de la tierra. La esfera azulosa estaba muriendo para enfriarse por millones de años hasta volver de nuevo a recibir la vida.

Estuve presenciando la hecatombe anunciada que los científicos nunca aceptaron porque ellos fueron arrogantes a la verdad y vida. En el aire y sin gravedad, había cuerpos vivos de animales y personas que gritaban como si pidieran ayuda para que fueran bajados a tierra. Todos se movían a los centros de los tres agujeros negros. La maquina gigante que quiso estudiar la “partícula de Dios”, también habían formado un pequeñísimo agujero negro. Los científicos e investigadores giraban como remolinos rumbo a la cola que se dirigía al fuerte sol que había tomado el color rojizo escarlata como sangre de toro de asesinos injustos de la tauromaquia. Era maravilloso contemplar el episodio. Hubo congojas al despedir el final de la tierra. Todo había pasado tan rápido que no se sabía dónde estaban los puntos cardinales del sistema.


La nave tierra dio un giro brusco de 360 grados, trasladando el Polo Norte al Polo Sur. Todo se vino al subsuelo para completar la faena del desastre. Allí murieron otros arrogantes. El día se convirtió en noche y la noche al otro lado del cuadrante era más noche. El sol estaba muy incandescente como para alquilar balcón en la contienda de drogadictos. La gravedad perdió fuerza y bajo su estado. Ahora los cuerpos vivos y las cosas flotaban en el aire. Todo parecía estar volando pero estaban más debajo de nosotros. Alcance a ver las gigantes naves fuera del alcance de la tierra. Se veían tan pequeñas que parecían naranjas deshidratadas. Por fin tuve la experiencia hacia donde queda Andrómeda y no quise estar vivo dentro de una de ellas.

Mis guías de compañía me sostuvieron cada uno de uno de mis brazos. El de la derecha me dijo: “Ya vamos a regresar”. El de la izquierda me invito a cerrar los ojos. Por fin estaba de nuevo en mi cuerpo mortal. Abrí de nuevo mis ojos. Los seres quienes cuidaron mi cuerpo carne, me dijeron con ademanes de ángeles y/o serafines, que habían pasado 3 días en su trabajo, ellos no durmieron porque no son mortales humanos y no vieron el sol porque mi ser carnal estuvo junto a ellos a 300 metros bajo tierra africana. Comprendí que estaba de nuevo en el pasado que es el mismo hoy y el nuevo futuro. Hoy he vuelvo a sonreír conociendo que al reflexionar y aceptar esa firme realidad se dará y nada ni nadie lo podrá evitar. Espero no estar al final de esos días que se avecinan para todos y todas. Ojala que mi cuerpo este muerto antes que llegue ese momento para no sufrir el viaje a los agujeros negros o ser chamuscado dentro de la cola del planeta por el hermano astro que genera luz que también un día se apagará, sólo será historia dentro de la nada y vacio sin quien la escriba. La nueva tierra tendrá un nuevo y radiante sol..

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