3 oct. 2018

Farsa como utopía de cambio

En los últimos 15 años las denominaciones religiosas históricas de herencia cristiana católica (anglicana, ortodoxa y/o romana), dieron a conocer al mundo de la comunicación nuevas ordenaciones de sub diáconos, diaconisas, diáconos, presbíteros y nuevas consagraciones de obispos (epíscopos). El singular número de ordenandos estuvo por encima de la ciencia ficción al lograr plasmar en cada país de América y dentro de muchas naciones del mundo, el aumento de clérigos independientes que sin obedecer a Inglaterra, Roma y/o a países como Rusia, Grecia, Ucrania o Siria, los cristianos tuvieron la sensación de ver por fin en la tierra a la iglesia verdadera fundada por Jesucristo que quiso por mandato del -Padre Dios- establecer el ‘reino de Dios y su justicia’. Los grupos se fueron organizando con distintos nombres y denominaciones para tratar de superar los errores históricos que habían dejado sus antecesores ingleses, orientales y/o romanos, y establecer juntos una iglesia como opción por los pobres del planeta, desarropados, invisibles, desvalidos, ignorados, atropellados y desarrapados. 


El objetivo principal de la innovación era luchar en contra de quienes se habían robado los privilegios, enfrentar al imperio religioso oficialista en sencillez y humildad pero con templanza y sin violencia, para convertir la “cueva de ladrones y negociantes” en un altar de paz, honradez y pulcritud, buscando esa verdad que nos han negado con mentiras y lograr conseguir lo excelso de Dios con su auxilio desde las alturas desde su Santo Santuario. Algunos grupos se motivaron y animaron, varones y mujeres de fe creyeron que por fin el Espíritu Santo de Dios, había bajado a la tierra a continuar su obra, empezó en forma rápida, la maratón de ordenar nuevas vocaciones hasta exagerar al consagrar a niños del altar como epíscopos y llevar a los atrios sagrados a personas al final de la etapa adolescente que no tenían la intención de hacer el cambio esperado sino de continuar con “más de lo mismo” de eso que el mundo conocía. 


Los nuevos ordenados y consagrados una vez recibieron la imposición de manos y sus respectivas credenciales se creyeron superiores de quienes recibieron la potestad (toda potestad viene de Dios), de continuar el ministerio de Cristo y llevar la “Buena Nueva” a todos los hombres. Al parecer una gran mayoría de los renacidos levitas sólo llevaron la “Buena Mala” a las ‘ovejas perdidas’ y crearon más incertidumbre orquestando la farsa de su propia fe en sumas cuantiosas representado en dinero efectivo por los servicios espirituales y religiosos (bautismos, eucaristías, matrimonios, santos óleos, nuevas ordenaciones y nuevas consagraciones), que ofrecían al mejor postor o a personas escasas de fe o simplemente a incautos ciudadanos que en busca de un consejo resultaron estafados y hasta de la noche a la madrugada ya tenían los atuendos de presbíteros u obispos con mitras y báculos confeccionados en cantinas o plazas de mercado persa como esas que deambulan por los pasajes de algunas ciudades, cerca de falsos santuarios de ladrillo.


Los celos de clérigos oficialistas del imperio religioso, empezaron a florecer ante el aumento de clérigos que no obedecían al régimen de muerte, con la complicidad de falsos y mediocres medios de comunicación, crearon una estrategia para destruir la iglesia independiente y usaron la falsedad de cuervos para destruir de nuevo la Iglesia de “Jesús el palestino” o del Cristo de Galilea. De nuevo la esperanza se convirtió en tristeza y resulto peor “la medicina a la enfermedad” que los hombres conocían como Iglesia Cristiana. Hubo traiciones y melancolías. Los falsos resultaron ser más soberbios, arrogantes y petulantes, a esos que impusieron la inquisición y muerte desde el pasado, orquestando de nuevo la tarima para que la oscuridad siguiera el derrotero que beneficia a débiles y que es aprovechado por vividores de la fe para hacer su abril y agosto.


Ahora de nuevo el Espíritu de Dios empieza a resplandecer en la Iglesia verdadera y los nuevos escogidos saben que no deben cobrar el diezmo ni lanzar tarifas por los sacramentos porque si no serán peor que los grupos protestantes cristianos que han robado el bolsillo a quienes trabajan y se han inventado historias de temor, para que los varones y mujeres de fe tengan miedo y entreguen al pastorcito de pacotilla, las ganancias de su trabajo y mantengan tanto a la supuesta esposa del farsante como a sus amantes e hijos. Es hora de destruir la farsa y la mejor manera es trabajar por una Iglesia que imponga amor antes que guerra y que logre repartir las oportunidades y los privilegios a todos los hombres sin distinción incluyendo para los ateos, agnósticos y diferentes. Cobrar el Diezmo es un robo y es una maldita estafa. Usted no debe dar dinero a quien no trabaja.

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Religious Persecution